VENEZUELA

“El grueso de la intelectualidad está en una posición crítica”

Antonio López Ortega ha estado estas últimas semanas de viaje por las Islas. / DA
Antonio López Ortega ha estado estas últimas semanas de viaje por las Islas. / DA

El escritor venezolano Antonio López Ortega ha estado estos días por Canarias en la presentación de un libro suyo que inaugura la Biblioteca Atlántica. De orígenes palmeros, su familia materna procede de La Polvacera, en Breña Baja, es uno de los escritores más destacados del panorama literario venezolano, además de ser una de las voces críticas en el país, desde su tribuna quincenal en El Nacional, que mantiene desde hace 12 años, además de colaborar en el último año con cierta frecuencia con el diario El País.

López Ortega asegura que “la situación política ha afectado muchísimo a la cultura”, pero no a la creación literaria, que atraviesa un buen momento. Tampoco la división social que existe en el país la ha mermado, porque “el grueso de la intelectualidad venezolana y la creación están en una posición crítica”.
“A quien debemos la posible salud que la literatura venezolana tenga es a los creadores, porque siguen creando, publicando. Se están escribiendo libros en estos momentos muy importantes. El creador venezolano está muy activo, pero a la vez padecemos un momento muy crítico en la difusión y promoción de las obras, y esto es un problema muy grave que va a tardar en que se estabilice”, explica López Ortega.

En esta línea, critica que el Gobierno ha marcado una política cultural que “ha cambiado dramáticamente sus objetivos”. “Es una política que ha tendido a lo masivo por encima del hecho creador individual; que se ha ido a encumbrar las culturas tradicionales, en lugar de las modernas, y que privilegia lo político, lo doctrinario, por encima de otra cosas”.

El ejemplo que pone es nítido. “Vas a una feria del libro de Bogotá o Argentina y ves lo que hace el Gobierno en el puesto oficial y no entiendes que no esté Rafael Cadenas o Eugenio Montejo, en cambio vas a conseguir todos los manuales imaginables del Che Guevara”. “Las decisiones en materias de política cultural son muy doctrinarias y partidistas, y eso no representa a los creadores. Hay un divorcio muy profundo entre la política del Gobierno y el creador”.

Sobre el periodismo, territorio que conoce muy de cerca, asegura que es un sector que “está hostigado”. “Es de las áreas más golpeadas por el Gobierno y las tácticas que emplea para ello son muy conocidas: el amilanamiento; a las empresas editoras penalizarlas, abrirles expedientes administrativos, fiscales, etc.”. “Periodismo era una de las carreras más apetecidas hasta hace poco y hoy en día es muy triste ver cómo se ha revertido la tendencia debido a la situación de los periódicos”, lamenta López Ortega, quien considera que “cuando podamos ver esta realidad con una perspectiva temporal nos daremos cuenta de que ha sido uno de los períodos más nefastos para el periodismo de la historia nacional”.

El escritor también reflexionó en torno a la falta de permeabilidad de la creación literaria de España con Venezuela. “Hay una deuda muy grande de lado a lado que no se termina de saldar”, reconoció y destacó como una de las posibles razones el hecho de que el exilio español de los intelectuales se centrara en países como México e incluso Argentina. Si bien también destacó que a Venezuela llegaron personalidades como Juan David García Bacca, que “marcó los estudios de Filosofía en el país”.

También destacó el hecho de que Venezuela, al contrario que otros países, no vivió momentos de exilio en los últimos 40 o 50 años, “lo que ha permitido que nos mantengamos hacia dentro y nos hayamos preocupado mucho de la proyección de nuestros autores”. Además, señala que en los sellos hispánicos “uno echa de menos la presencia de autores venezolanos, pero también falta un trabajo de nuestro lado para proyectar a nuestros escritores en el exterior”.

Del relato breve a la novela

Antonio López partió en 1975 a París, con un programa de becas, para estudiar Literatura en la Sorbona. Pero antes de esta estancia en la Ciudad de las Luces, donde estaba en pleno auge el estructuralismo y los escritores latinoamericanos, ya tenía clara su vocación . Con 17 años formaba parte del grupo literario La Gaveta Ilustrada, con quien publicó su primera obra, un trabajo colectivo en el que cultivó el genero del relato breve. En Francia esribe dos libros: Cartas de relación (1983) y Calendario (1989). En 1985 regresa a Venezuela y se pone al frente del Fondo Editorial Fundarte, de la Oficina Cultural de Caracas. Regresa al relato breve y publica en 1991 Naturalezas menores, y en 1996, Lunar. Fue ese mismo año cuando da un salto a la novela y aparecen títulos como Indio desnudo (2008) o La sombra inmóvil, esta última publicada en España por Pretexto. En medio está Ajena, una obra “de corte romántica”, escrita desde la perspectiva de una mujer joven que atraviesa “un momento emocional fuerte”