sin pelos en las teclas

Epítome – Por Cecilio Urgoiti

En el discurso del independentista Artur Mas he detectado una figura retórica de construcción, si se me permite, poco más o menos constante, que se asienta en la recreación de sus primeras palabras, durante su exposición y, en este caso, llega al final del mismo alegato, con el objetivo de lograr una mayor aclaración de lo dicho, que dudo lo necesite. Vamos, independentismo, sí o sí, junto a plebiscito, también, sí o sí. Lo que en cierto modo extraña, y mucho, es esa constante repetitiva de abandonar un estado cuasi federal, para formar parte de uno que aún está en proceso de definición y que últimamente acredita un elevado imperialismo que raya con creces un sombrío carácter dictatorial. Me refiero a la actual UE liderada por una Alemania acaparadora y amiga del sometimiento que marca su política neoliberal. Claro que se puede entender, si miramos la actitud poco constructiva y, aún menos, colaboracionista de los populares que hoy gobiernan en España a la hora de dar soluciones, con un desprecio a una autonomía que había logrado un estatuto de nuevo cuño, con referéndum incluido y, tras ello, dándole un cepillado en el Tribunal Constitucional, por utilizar las desafortunadas y miserables palabras del ínclito Alfonso Guerra. La política se hace ejerciéndola siempre bajo el importante uso del dialogo y tras él, buscar el encaje de las locuciones en hechos, que sean útiles para la vida social y con total armonía. Pero si esa no llega, también la política permite abrir forasteros caminos para una vida por separado en correcta y civil soberanía, pues son los ciudadanos de los pueblos los que marcan el ideario y las votaciones, las que a la postre deciden.

Este camino que se ha marcado un segmento de la población catalana es digno y encaja con la doctrina nacionalista, teoría esta al amparo del romanticismo político del siglo XIX y que hay momentos puntuales en que se pone en alza, casi siempre cuando se puede ver perdida esa identidad que les hace diferentes, pero ojo, no como rencor de ellos al resto, sino cuando una parte de fuera quiere ejercer ese talante prepotente que aleja y humilla. Cuando se pretende acallar la soberanía catalana, por la vía judicial, esta prevalecerá sobre el resto de idearios que la quieran eliminar. Ha de tenerse en cuenta que será duro, pero tened por seguro que llegara, es política.

Me permito hacer una aclaración, ya que he detectado en algún miembro del Gobierno central manifestaciones que generan dudas, sobre la figura política de la declaración de independencia, esta, como tal, no es el final, sino el principio y, por consiguiente, es un fin a lograr, vamos, no es el logro, sino el camino, lo que gusta hoy decir a los politólogos y economistas, la hoja de ruta. Desde siempre hemos conocido con claridad cuáles son las intenciones del nacionalismo catalán, vasco, gallego e incluso canario, su objeto de ser terminará en independencia. Acaso plantea alguna duda como fundamento político, otra cosa será la viabilidad que se le plantee y las trabas que desde el resto de comunidades y desde la gobernabilidad metropolitana se aleguen, se fundamenten, se invoquen e incluso se razonen. No se debe confundir la declaración de una intención, de un objetivo, con un hecho consumado, aunque mi impresión es que desde 2012 el presidente, de nuevo en minúsculas, no ha tenido ningún atisbo de acercamiento a la sociedad catalana. Un error que a la larga no solucionará la justicia que emane de la vía democrática.

Permitirme que hoy dedique esta exposición a todo el personal de Teide Radio, con el mayor de los respetos y mi mejor cariño.