SOCIEDAD

No es un éxodo, es un goteo

INMIGRACÓN

Se marchan, pero no son tantos como en ocasiones se dice. La crisis ha resucitado el fenómeno de la emigración: muchos jóvenes han abandonado el domicilio familiar y se han comprado un billete de avión para algún país, casi siempre europeo, con la intención de probar suerte: algunos la han encontrado y otros han tenido que darse la vuelta. No hay cifras exactas: muchos de los que se marchan no se registran en los consulados de los países de destino, por lo que resultan, estadísticamente, invisibles. No obstante, según el Gobierno central, entre enero de 2012 y junio de 2014 se marcharon del Archipiélago 10.014 personas con nacionalidad española. ¿Todos eran jóvenes cualificados para los que el mercado no tenía ni siquiera una oportunidad?

Los datos oficiales reflejan que se han ido 41.000 jóvenes españoles de entre 15 y 34 años

La respuesta es complicada, pero los expertos, en su mayoría, admiten que partidos políticos y medios de comunicación han utilizado erróneamente las estadísticas que miden este fenómeno; a veces, en el caso de los políticos, con fines electorales. Pero también coinciden en que en el caso de los autóctonos, esa huida, que no ha sido ni mucho menos masiva, ha estado protagonizada, esencialmente, por jóvenes titulados. Ha sucedido en Canarias y en el resto de España. Así y todo, no son comparables en número a los miles de inmigrantes que vivían desde hace años en nuestro país, que ya habían obtenido la nacionalidad española, y que han tenido que irse. Es decir, entre esas más de 10.000 personas que se marcharon, muchos eran latinoamericanos que hace años cambiaron de residencia en su búsqueda por un futuro mejor. Han tenido que desandar el camino porque han sido los primeros expulsados por la crisis.

Para la profesora de Ciencia Política Carmen González Enríquez, este escenario prueba que el sedentarismo que tradicionalmente ha caracterizado a la sociedad española se ha mitigado, pero no ha desaparecido. De hecho, esta investigadora del Instituto Elcano, especializada en movimientos migratorios, insiste en que los españoles, en comparación con sus compatriotas europeos, son los que menos han abandonado sus hogares. “Son más reacios”. La opinión de Enríquez es una de las más autorizadas sobre la materia. Además de dirigir varios proyectos sobre migración en España, ha participado en la iniciativa llevada a cabo por el think tank para calibrar el fenómeno de estos nuevos emigrados españoles por la crisis. La institución ha elaborado numerosos trabajos, entre ellos, una pormenorizada encuesta, en colaboración con otros centros de pensamiento europeos, para conocer dónde están los ciudadanos que se han ido y qué problemas se han encontrado en su periplo. Las respuestas son muy interesantes porque se han centrado en ciudadanos de distintos países de la Unión Europea. Entre ellas destaca que los españoles fueron los únicos que, cuando se les pidió que enumeraran las dificultades que habían tenido que sortear, situaron en primer lugar el idioma. Esta barrera, que tiene efectos directos hasta en la internacionalización de las empresas españolas, también explica, en parte, que entre el 80 y el 90% de los emigrados sean universitarios o personas con estudios superiores. Si los expertos lo tienen tan claro, ¿por qué es tan difícil que partidos políticos, televisiones y periódicos se pongan de acuerdo?

Guerra de cifras

La salida de jóvenes desde España en los últimos años se ha convertido en un tema recurrente. La percepción general, muchas veces configurada a partir de cifras malinterpretadas, es que se ha producido un éxodo. A partir de ese supuesto, erróneo, la discusión ha girado en torno a dos temas: cuántos son los que se han ido y cómo debe interpretarse esa salida en relación con el presente y el futuro del país. Es decir, en cuantificar el despilfarro de los recursos humanos y en proyectar sus consecuencias en la economía.

Los emigrados no suelen darse de alta en consulados, lo que camufla las cifras reales

Enríquez recuerda el último gran debate político sobre el tema. Ocurrió en el Congreso, justo antes de las elecciones de mayo, el día en el que el Gobierno central tenía que responder a las preguntas presentadas por algunos diputados -entre ellos, José Segura Clavell (PSOE)- sobre el número de ciudadanos con nacionalidad española que habían salido de las Islas. En su intervención, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, sostuvo que 500.000 jóvenes habían abandonado España en los últimos años, mientras que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, insistió en que la cifra era 24.000. A pesar de la enorme diferencia entre los números, lo cierto es que ambos líderes usaron las mismas fechas de referencia -2012, 2013 y la primera mitad del 2014 (no existen datos más recientes publicados por el Instituto Nacional de Estadística)- y la misma fuente -la Estadística de Migraciones del INE-. (“No se recogen fechas anteriores a 2012 porque sólo a partir de ese año se aprecia una salida relevante de personas”, matiza Enríquez). Los datos expuestos por el PSOE hacían referencia al grupo de edad de 15 a 34 años, nacidos o no en España, y de cualquier nacionalidad. “Es decir, sus cálculos incluían a todos los inmigrantes que han residido en algún momento en España y que se han marchado en los últimos años, lo que daba como resultado 518.000 personas”. Los datos del Gobierno, en cambio, abarcaban solo a los ciudadanos de entre 15 y 29 años, de nacionalidad española y, además, nacidos en España (“los autóctonos”). La suma del PP daba 24.000 y habría aumentado hasta 41.000 si hubiera analizado el mismo grupo de edad que el PSOE, es decir, los emigrantes de 15 a 34 años. Pero aún usando esta estimación, los autóctonos no supondrían ni el 8% del total de salidas registradas (41.000 sobre 518.000), argumenta Enríquez. Y ese porcentaje, además, tampoco puede darse por definitivo. La poca costumbre de registrarse en el país de acogida hace que las cifras del Padrón de Españoles Residentes en el Extranjeros (PERE) no sean todo lo fiables que deberían. Ese indicador computa justo eso: los españoles que están viviendo en otro país, pero, para poder medirlo, primero ellos tienen que hacerlo constar. Ahí está el verdadero problema.

Esta “dejadez” afecta mucho menos a los inmigrantes que se han nacionalizado como españoles, “en su inmensa mayoría latinoamericanos, que sí se registran por razones relativas al mantenimiento de su nacionalidad”, explica la docente. “Respecto a los inmigrantes no nacionalizados que salen de España, su cifra se deduce de su baja en el Padrón español que el INE realiza de oficio cuando no renuevan su inscripción, algo a lo que están obligados los que no cuentan con un permiso de residencia permanente”. Podría estar ocurriendo que la salida de inmigrantes con permiso de residencia permanente, a la que se accede tras cinco años de residencia temporal, fuera mayor que la registrada. “Esta es la sospecha, por ejemplo, respecto a la migración marroquí, que en un 80% tiene ya residencia permanente, pero está afectada por una tasa de paro altísima, por su concentración en el sector de la construcción en el pasado. Hay muchos indicios de que se está produciendo una salida hacia otros países europeos o un regreso a Marruecos que no se registra en las estadísticas españolas”. En el caso canario ya empieza a notarse ese descenso. Los marroquíes son una de las comunidades extranjeras más numerosas. 2011 fue el año que más población de este país africano se contabilizó: 16.653. A partir de ahí comenzó a descender y a finales de 2015 era de 15.029. En definitiva, unos cuantos se arman de valor y salen en busca de oportunidades, pero la mayoría son, en realidad, inmigrantes que hoy hacen el viaje a la inversa.

Emigrantes invisibles en Europa

“Se van a Europa, sobre todo a Reino Unido, Alemania y… Suiza”. Según los datos que maneja Carmen González Enríquez, los españoles no se mudan demasiado lejos. Buscan destinos más o menos cercanos y accesibles, y, por supuesto, lugares donde piensan que pueden encontrar un empleo. Sin embargo, un número importante de los que intenta encontrar su sitio lejos acaba volviendo. Esos intentos fallidos no entran dentro de ninguna estadística. Los datos de personas que se van, nacionalizados o autóctonos, se refieren siempre a los que de verdad se convierten en emigrantes, “no a quienes salen de España con el objetivo de tantear otros mercados de trabajo pero vuelven al cabo de unos meses”. Solo los que residen durante más de un año en otro país se consideran oficialmente como migrantes, tanto en la definición de la ONU como en la que aplican los países europeos, subraya la profesora.

Además, hay otro factor que hace “invisibles” a estos emigrantes de la crisis. La encuesta realizada en 2013 por Elcano, en colaboración con otros centros de investigación europeos, reveló que solo un tercio de los españoles autóctonos que se habían ido a partir de 2008 estaban registrados en los países de acogida. Eso quiere decir que para tener una aproximación más certera habría que multiplicar por tres los datos del INE, los que tanto enfrentamiento ocasionaron en el Congreso. Entonces la cifra de españoles que han salido llegaría hasta los 124.000. Enríquez subraya, no obstante, que para sopesar el efecto de estas huidas en la economía de una región o de un país hay que tener en cuenta el saldo migratorio, es decir, la diferencia entre los que salen y los que entran, que siguen haciéndolo. Según el INE, apunta, han vuelto en estos dos años y medio unas 27.000 personas de entre 15 y 34 años, lo que deja un saldo de 96.000 personas.