superconfidencial

Grado de imbecilidad

1. Me asusta el grado de imbecilidad que está adquiriendo este país, reflejado de forma palmaria en los programas que le dicen “del corazón” que emiten las televisiones. Que una analfabeta funcional llamada Belén Esteban se haya convertido en una personalidad en España sólo tiene el parangón de aquella italiana Cicciolina, que no pasó a la fama por tener una hija con un torero, como es el caso anterior, sino por enseñar una teta, o las dos, ante las cámaras. Nos hemos idiotizado hasta el infinito, quizá por eso también un tipo tan cutre como el Coletas o su novia, Tania Sánchez, aspiren a gobernar en España. No nos queda nada si lo consiguen. Los países latinos, puede que por la sangre caliente de sus naturales, tienden a la jediondada. Es como un sino. El nivel de la televisión en España ha caído en picado y la peor cadena -Tele 5- es la más que se ve. Para triunfar sólo hay que fabricar un programa de mierda. Con él se embobece medio país.

2. Hay personajes que han sido destrozados por la televisión, casi siempre de la farándula: vagos, toreros, cupletistas, tonadilleras, etcétera. Han puesto a parir a los reyes y a la monarquía hereditaria y ahí están el rey y su mujer rindiendo tributo al canal por sus primeros 25 años. No lo entiendo. Por muy populares que quieran ser el rey y su esposa plebeya no creo que sea muy práctico que se besen y abracen con un tal Jorge Javier Vázquez, convertido en otro personaje de sueldo millonario.

3. Este país es poco consistente y dado a la picaresca. No hay que olvidar que es el mismo de Rinconete y Cortadillo. Aquí sólo falta el ciego Gaudencio, protagonista de Mazurca para dos muertos, de Camilo José Cela. No recuerdo muy bien, pero la mazurca sonó un 16 de agosto y un 30 de noviembre. Justamente mi cumpleaños lo celebro el 16 de agosto y mi santo, San Andrés, se venera, como todo el mundo sabe
-por lo del vino y las bodegas-, el 30 de noviembre. Casualidades de la vida. Yo soy muy poco providencialista, así que no me hace ningún mal efecto la coincidencia. El ciego Gaudencio yo creo que era un digno émulo de los protagonista de la novela ejemplar de Cervantes. Y eso.
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