el almendrero de nicolás

No habrá paz para la izquierda

No habrá paz para la izquierda. Esa parece ser la base del acuerdo de todos los partidos que hasta ahora han gobernado sin oposición en un plácido régimen de alternancia. Una vez rota esa armonía con la entrada de grupos como Podemos en numerosas instituciones, se han puesto manos a la obra para impedir que este partido y otras alianzas semejantes dañen los beneficios de las grandes corporaciones que se han enriquecido gracias a una multitud de favores y exenciones fiscales concedidas.

No será fácil la tarea de desentrañar la maraña de redes mediante las cuales se ha normalizado la gran teta mamaria que para los grandes y no tan grandes grupos económicos de presión ha significado su cercanía al poder, pero en esas estamos. Por ello, y ante el peligro que supone un cambio como el que la izquierda pretende, lo tienen claro, removerán lo que haga falta para destruirla, para que no gobierne, para que no levante cabeza, que no se legitime ante la población, en definitiva, para que no se normalice. Esa es la cuestión, lograr que la izquierda siga pareciendo un incidente. Y en esta estrategia para no perder el poder y arrebatar a la ciudadanía crítica las claves de su empoderamiento, lo de menos es el debate político y la búsqueda de soluciones a los graves problemas que nos aquejan y preocupan. Lo demás es la desacreditación de todo lo que ponga en peligro sus intereses, incluido los ataques personales, los insultos, la saturación de chismes y boberías. Por eso, el club de fans de Jiménez Losantos, es eso: un club, un selecto club dispuesto a dejarse la piel, su prestigio y profesionalidad con tal de contribuir al retorno del orden como dios manda. Nada que objetar. Desgraciadamente no hay tiempo, la izquierda tiene que madurar muy pronto y arraigarse en la población antes que el exterminio coja cuerpo a su alrededor.

Es necesario acelerar el proceso de comprensión del momento, para situarnos, para juntarnos y para ofrecer a esa parte de la gente deseosa de un cambio profundo, una posibilidad de que el escenario político les represente. La izquierda debe tener como perspectiva principal de sus esfuerzos y de sus acciones al pueblo, y no las disputas internas ni las asonadas.