soliloquio

Insufribles petulancias

La petulancia -vana y exagerada presunción- de los políticos es la leche. Es más, para que nadie se luzca desde otras siglas por su pose, labia, planta o macarrismo, cada partido tiene a su macarra preferido para marcar cuerpo a cuerpo al rival. Dispuesto a fajarse con quien sea para tapar las vergüenzas al líder en cualquier momento, sea de día o de noche. Piensan que somos idiotas. Dicho lo cual; en “ya no podemos solos” el matón y el cabecilla son la misma persona. Se le puede ver colocando a su vasca en los mítines -por cierto, ya colocó a Tania- como desbravando a sus anchas ante el cucurucho. Los del pepé tienen dos o más para esta labor: una hembrita llamada Soraya y un pistolero del oeste por nombre Rafael Antonio que cuando habla ofende. En el pesoe el papel del antipático resabiado lo hace otro Hernando, por nombre Antonio. La realidad es otra, no es que las plataformas, uniones populares, asambleas populistas, grupos de amigos y otras asociaciones hayan ganado posiciones. Lo sucedido es que los partidos de toda la vida como el pesoe y el pepé las han perdido. Han dejado de ser partidos políticos para ser rotos políticos, o destrozos cual es el caso de IU.

Se les llena la boca de democracia interna, externa y demás yerbas, para luego negar el censo de votantes a los candidatos que no sean del aparato, y tantas otras formas de autoritarismo. Para que no digan que peco de subjetividad.

Hace unos días, el pasado jueves, escuché a un enamorado militante del pesoe madrileño que quiere ser secretario general del PSM decir en antena que se le había negado el censo de afiliados con derecho a voto, lo que parece ser norma habitual en las secretarías del pesoe, y lo que me parece aún más canallada es que Rafael Simancas lo invitara a no presentarse porque ya estaba dado a Sara Hernández, la alcaldesa de Getafe. Para que no lo dude, lo puede escuchar aquí, no me parece petulante, es una genialidad por más que ofenda a la Espe y al cuarto poder, aquel de la película de Richard Brooks, en el que cuando el New York Day va a ser vendido, el editor del periódico, decide sacar a la luz los turbios negocios de…

Soy de los que cree en la constancia, en el empeño y en el sacrificio, actitudes que acompaño con la alegría que puedo para sublimar la cotidianidad. Si bien, es cierto que me rodeo de libros. Recién leí Mis chistes, mi filosofía, me lo regaló mi buen amigo Carlos Varufakis. Sigamos veraneando y leyendo.