después del paréntesis

Locos

Ocurrió en un cuento de Borges: un ascético millonario norteamericano, Ezra Buckley, financió el invento de un planeta (Tlön), tan perfecto que incluso fue incluido en la enciclopedia. Buckley quería demostrarle al Dios en el que no creía que los hombres también podemos crear, incluso artificios muy complejos. Y es que ese es uno de los componentes cimeros de cuantos nos acompañan por este mundo. De ahí que conozcamos maravillas como El arte de la fuga, La flauta mágica, Quijote, Hamlet, Meridiano de sangre, Las Meninas o Guernica. Mas el personaje de ficción se arrima al real como hambriento a la sopa: el anónimo de hace unos años donó la suma de 482 millones de euros para que los científicos en cuestión encontraran la vía genética del origen del ingenio. Descubrieron los genomas. Después de analizar a 150.000 elegidos de Europa, la conclusión es eminente: la psicosis y la creatividad, o lo que es lo mismo, el arte y la esquizofrenia van juntos.

Se confirma aquella brillantez de Freud que adujo: enfermedad y primor son inseparables. De manera que Da Vinci ocultó un padecimiento incurable y que no podía manifestar: la homosexualidad; y a Dostoievski lo torturaba una obsesión: matar a su perverso padre. Del problema es de donde surge, pues, la inventiva. Pero no cualquier apuro, por ejemplo, la relación del artista con el mundo, cosa que empobrecería a las obras, cual ocurre con la literatura política; el tema está en la relación enfermiza del artista consigo mismo. Y eso es lo que nos hace suspirar, ¡pobres!

Así pues, si se han separado los genomas dichos, se puede intervenir, como es posible crear corazones nuevos a partir de células madre. El ingenio, por tanto, ya no es un problema. Que los tontos no se pongan nerviosos, ¡primitivos loquetas!; el ingenio se puede universalizar. Bach ya no será solo Bach; lo multiplicarán por centenares.

Se confirma. Borges tenía razón cuando inventó a los inmortales: la muerte de la parcialidad y de los valores hace que todo se repita.

Eso le vendrá bien a cierta parte de la especie, que no necesitará esfuerzo, formarse para comprender lo divino de los hombres.

Aunque a algunos nos aterra la revelación: el placer por lo sublime tampoco tendrá lugar. ¿Ciencia o arte?, ¿locos o qué?