POLÍTICA

Loly Palliser: “Cuando éramos 59 hombres y una sola mujer en el Parlamento, parecía lo normal”

FOTOS: SERGIO MÉNDEZ
FOTOS: SERGIO MÉNDEZ

La renovación del Parlamento canario, tras el 24M, que inició la IX Legislatura el pasado día 1, evidencia un salto histórico: una mayoría absoluta de mujeres (32 junto a 28 hombres), que contrasta con la solitaria diputada que tres décadas antes participó en la fundación de la autonomía y el estreno de la Cámara rodeada de 59 diputados varones, a la que tuvieron que hacerle, por esa razón, un baño expresamente. El primer presidente, Jerónimo Saavedra, le encomendó la Consejería de Turismo y Trasportes, con lo que se convirtió, a su vez, en la primera mujer integrante de un Gobierno autonómico en las Islas. María Dolores Palliser Díaz, Loly Palliser, que nació en Gran Canaria y se mudó de niña a Tenerife, es esa mujer pionera que inscribe su nombre en nuestra historia autonómica contra la desigualdad sin darle mayor importancia a su caso. “Soy hija de la primera mujer abogada de Canarias después de la guerra civil, que siempre estaba rodeada de hombres como la cosa más natural”. Una familia del mundo del Derecho, la madre, el marido, la hija y un hermano que murió a los 56 años víctima de una endocarditis.

Loly Palliser, también letrada y casada con el catedrático de Derecho Internacional y exeurodiputado del PSOE Manuel Medina, abanderó en 2002 la batalla civil y legal contra las torretas de alta tensión de Unelco en Vilaflor, junto al alcalde del municipio, una protesta que movilizó a decenas de miles de ciudadanos por las calles de Santa Cruz, bajo el logo de un pinzón azul que diseñó Pepe Dámaso. Ahora, huérfana de César Manrique y José Saramago, sus dos grandes amigos, confiesa que el Nobel portugués ha influido en su manera de pensar, y se alinea con el desiderátum griego de Tsipras ante esta jornada decisiva de domingo pendiente de la cumbre europea. “Me habría gustado saber qué pensaría Saramago del castigo a Grecia”, afirma sin dejar de fumar durante toda la entrevista, llenando de cigarrillos demediados el cenicero, con la mala conciencia de no conseguir librarse del vicio. La musa de izquierdas que descubrió Saavedra para la política entre sus alumnas de Derecho Laboral, se confiesa aquí muy indignada con la imparable sangría de casos de violencia de género, como el que esta misma semana conmocionó a La Palma, y se define más radical políticamente y menos extrovertida de lo que parece.

-Cualquiera diría que la vida para usted era un permanente Carnaval.

“No, la vida para mí es un permanente vaivén. Estoy siempre en la cuerda floja con muchos altibajos. Yo no tengo una vida estable. Mi vida es muy compleja”.

-Su imagen dicharachera y sociable…, ¿es real la efusiva Palliser?

“No, esa no soy yo. Esa es mi personalidad genética, mi estilo. En mi familia todas las mujeres son así. Pero no es la realidad. La verdadera es pensativa, reflexiva, para adentro y solitaria. Aunque parezca que llevo una vida muy social, soy lo contrario de lo que aparento. Todo el mundo es lo contrario de lo que aparenta”.

-¿Ha dejado de ser políticamente incorrecta?

“No, eso no. Soy libre como el viento. Vengo de donde vengo, pero no puedo ocultar que el PSOE en los últimos tiempos me ha defraudado”.

-¿Sigue en el PSOE?

“Utilizo la frase de Saramago: soy hormonalmente de izquierda. Digamos que pertenezco a la familia socialista. Estoy con una patita en el PSOE y otra en los movimientos ciudadanos. Espero que el PSOE y Podemos gobiernen juntos. Sigo apartada de la política. Me han hecho ofertas para volver, y de otro partido ajeno al PSOE. No voy a decir cuál. No he aceptado”.

-¿Cómo observa a Podemos y las plataformas cívicas que están aflorando, como Ahora en Común?

“Están al principio. Podemos es un movimiento que acaba de nacer, todavía sin estructura y con problemas, y que ya ha dado una sacudida al anquilosado sistema de este país”.

-¿Por qué, según dice, le ha defraudado el PSOE?

“Se alejó mucho de los ciudadanos. No estuve de acuerdo con modificar por la vía rápida el artículo 135 de la Constitución para hacer el gusto a Alemania en el control del déficit. Tampoco con el desahucio exprés que aprobó al final del segundo mandato. Confío en que la aparición de Podemos haga reaccionar al PSOE”.

-Esta semana tomó posesión el nuevo Gobierno regional. ¿Qué impresión tiene del tándem Clavijo-Patricia Hernández?

“Creo que lo que corresponde en estos momentos es desearles suerte”.

-¿Cuál fue su experiencia como única mujer diputada y consejera en la Canarias de los años 80?

“Jerónimo Saavedra, que era mi profesor de Derecho Laboral en La Laguna (y luego mi amigo, mi presidente y mi confidente), cuando se constituye el Gobierno provisional en Canarias, me pide que sea la consejera de Turismo y Transportes, en diciembre del 82, porque se iba a romper la UCD y lo votarían a él. Continué en el cargo tras las elecciones de mayo del 1983, en que fui diputada por Tenerife. Cuando éramos 59 hombres y una sola mujer, parecía lo normal. No en una, sino en dos legislaturas, del 83 al 91. Yo estaba acostumbrada a una madre abogada rodeada todo el tiempo de hombres, en el buen sentido de la palabra”.

-¿Es verdad que hicieron un baño de mujeres expresamente para usted?

“En la primera legislatura teníamos un solo baño de caballeros y le dije al presidente del Parlamento, Pedro Guerra, ‘Pedro, cada vez que voy al baño me encuentro con las cositas de sus señorías’. Y en la segunda legislatura ya me hicieron un baño que también utilizaban las funcionarias del Parlamento, que me lo agradecieron”.

-Carolina Darias nos mostró una doble fotografía: en el 83, usted sola en el Parlamento, y en 2015, ya son 32 mujeres y 28 hombres. ¿Canarias le dio vuelta al calcetín?

“Yo estoy encantada con que haya 32 mujeres. Ahora es impensable lo que me pasó: estar sola ocho años en el Parlamento cuando las mujeres para la política somos más sutiles…”.

-¿Y más útiles?

“Sutiles y útiles. Los hombres tienen numerosas virtudes, pero las mujeres somos más flexibles. Y creo que somos mejores negociadoras. Ahora la Cámara será mucho más flexible. Quiero felicitar a la presidenta del Parlamento, Carolina Darias, que me ha citado cariñosamente estos días. Carolina lo hará bien, porque es una mujer formada, discreta y de maneras suaves”.

-¿Cuando fue la primera consejera mujer del Gobierno canario tuvo problemas?

“Ninguno”.

-No me diga que con los ministros tampoco.

“Ah, claro que sí. Me tuve que enfrentar duramente. Con Enrique Barón, por ejemplo. Yo quería hacer la playa de los Cancajos y el Parador de La Palma. Me había dicho que sí off the record; después me dijo que no públicamente. Y yo le contesté que a ese Ministerio había que entrar con luz y taquígrafos. Me llevó a la comisión federal de conflictos del partido y la cosa quedó en nada”.

-Sus peleas con los ministros eran célebres. Le recuerdo la batalla del aeropuerto de La Gomera.

“No la olvido, bueno fuera. Abel Caballero, que sustituyó a Barón en Turismo y Transportes, me dijo, ‘Loly, olvídate, ese aeropuerto nunca se hará’, y yo le repliqué, ‘Olvídate, Abel, ese aeropuerto se va a hacer’. Yo no pensaba en un aeropuerto para turistas, sino porque ninguna isla podía quedar incomunicada. Y mi director general Manolo Mederos y yo, muerta de miedo, cogimos una avioneta para buscar el sitio, hasta que él dijo, ‘ahí’, y era perfecto”.

-¿Recuerda el primer día de la primera consejera de Turismo y Transportes de la autonomía de Canarias?

“Todo en pañales, sin dinero, sin despacho, sin secretaria. Cogí el teléfono y dije, ‘Aquí la consejera de Turismo y Transportes’. No tenía personal. Opelio Rodríguez Peña, delegado del Ministerio de Información y Turismo, me dio un cuartito en la Delegación, que luego convertí en Consejería, en la calle de la Marina. Era un momento histórico, un cambio de sistema. Y llegábamos con mucha ilusión”.

-¿Sin leyes ni presupuesto, qué cosas priorizó?

“Como el Turismo iba bien, inicialmente me volqué en el Transporte y conseguí la famosa prima para compensar la lejanía. La gestionaba yo, y ha vuelto a manos del Gobierno central. Logré también la prima de la doble insularidad. Y creé las estaciones de guaguas en Canarias”.

-¿Cómo logró imponer guagua antes que autobús?

“La palabra autobús me resultaba absurda en Canarias, y me dijo José Luis Torró, director de Canarias 7, vamos a mirar qué dice la Real Academia, y vimos que decía: ‘guagua, denominación de ómnibus en Cuba y en las Islas Canarias’. Y puse en toda la red: ‘Estación de guaguas”.

-¿Cuándo se le ocurrió lo de las guaguas aéreas, de tercer nivel?

“Se trataba de líneas regionales públicas. Es una de las cosas que hice de las que más me alegro. Yo quería crear un puente continuo entre las Islas como si fueran eso, guaguas aéreas, para evitar las esperas de los vuelos nacionales, y se lo propuse a Solchaga. Incluso, aspiraba a que no tuvieran horario, que fueran saliendo a medida que se cubrían las plazas. Con Mederos, que era ingeniero aeronáutico, había visto los ATR, los ATP, los fokker, y Solchaga nos mandó tres o cuatro Casa Nurtanio CN235, porque era el avión español que el rey estaba vendiendo por todo el mundo. El resto de la flota fue con ATR, que eran mejores. Así nació Binter, dependiente de Iberia, que yo siempre quise preservar que fuera pública”.

FOTOS: SERGIO MÉNDEZ
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-Hubo una anécdota muy buena: cuando usted mandó un avión a rescatar a unos canarios atrapados en Sevilla.

“Se habían quedado bloqueados en Navidad por una huelga de aeropuertos. Me llamaron a la Consejería pidiéndome volver para pasar la fecha con sus familias. Antonio Armas tenía en aquel momento la LAC (Líneas Aéreas Canarias), y le pregunté, ‘¿puedes ir a Sevilla a traer a los canarios?’. ‘Sí, Loly’, me dijo, ‘y solo te voy a cobrar el combustible’. Así fue, llegó el avión de las Líneas Aéreas Canarias, y comenzaron a subir al avión que llevaba el nombre de su tierra, mientras el resto los veían marcharse con asombro”.

-El turismo iba bien. Va bien. ¿Irá bien?

“Empecé en el Patronato de Turismo de Tenerife, como jefa de servicio. Cuado se creó, don José Sabaté dijo, ‘que lo lleve Loly’. Tenemos que poner imaginación y perspectiva. La crisis va para largo y tanto España como Canarias estamos subidos sobre una economía muy frágil, el sector servicios. Si algo paraliza el turismo, nos hundimos. Lo he pensado muchas veces”.

-¿César Manrique, que hizo del turismo un arte, era punto y aparte?

“Era entrañable. Desde que lo conocí como consejera tuvimos un feeling tremendo. Fuimos íntimos amigos. Era alegre, divertido, humano, adorable y un genio. Me propuso mil proyectos, como el Jardín de Cactus. El día que hizo su testamento nos reunió a Manolo Medina y a mí para comer y nos dijo, ‘He nombrado heredero a Pepe Juan (Ramírez) porque lo quiero como un hijo”.

-¿La faceta de tertuliana en La Autonómica le sosiega o perturba como ciudadana bien informada?

“Me asusta. Estamos viviendo una situación mundial que a mí me asusta. Yo nunca había visto tan de cerca el capitalismo salvaje. Los mercados rigen la política. El Tratado de Libre Comercio UE-EE.UU., que se está negociando para hacer frente a los países BRICS (emergentes), me preocupa, porque temo que todos los años de nuestra historia de conquistas sociales puedan estar a punto de irse al traste. ¿Cómo no preocuparnos con un Estado yihadista entre Siria e Irak? Estos días han detenido a una mujer en Lanzarote que captaba niñas y adolescentes para Estado Islámico. ¡En una isla tan tranquila! Me he quedado de piedra”.

-¿En el pulso Grecia-UE que hoy se dilucida, con quién va?

“Con Grecia completamente. Con Tsipras. Grecia perdió 600.000 personas en la Segunda Guerra Mundial por los nazis y ayudó a la quita de más del 60% a una Alemania hundida. Ahora es Grecia la que necesita apoyo”.

-¿Si le quitas Grecia a Europa le arrancas el corazón?

“Le arrancas el corazón. Nuestra cultura es helénica. San Pablo era helénico. Varufakis se ha ido como en la mitología griega. Ha vencido a los dioses económicos y se marcha para que los dioses no castiguen a su pueblo”.

-¿Merkel y Lagarde están teniendo sutileza?

“Desgraciadamente, estas son las excepciones, dos mujeres que imitan a los hombres. Hubo una Europa de grandes cabezas, la de Dellors, Miterrand, Kohl y Felipe González. ¡Qué falta nos hacen ahora! No creo en un Grexit, aunque Islandia desde fuera se salvó; a EE.UU. no les interesa Grecia y Ucrania en manos de Rusia”.

-La UE es refractaria a Syriza. El vade retro Podemos del Gobierno español.

“La lectura española ha sido torpe: ‘Syriza es Podemos’. Syriza lleva en el Parlamento griego desde 2009. Podemos acaba de llegar”.

-Pedro Sánchez acaba de llegar. ¿Sana su desencanto?

“De los dirigentes que estaban en liza, es el mejor”.

-¿Tampoco Susana Díaz es útil/sutil?

“Honradamente, si me dan a elegir prefiero a Sánchez. No es un asunto hombre-mujer. Ahora bien, Sánchez tiene que soltarse, está encorsetado”.

-¿Carmena y Colau cubren las expectativas?

“Para mí Colau es una incógnita y Carmena una certeza”.

-¿Cómo conoció a Saramago?

“Un día Fernando Morán nos invitó a conocer a ‘un escritor que acaba de llegar de Portugal’. No sabía quién era. Recuerdo que la charla a pie de playa, en Casa Pedro, un chiringuito de Playa Blanca, fue durísima. Él estaba a favor de Anguita y yo en contra por la pinza que tenía con Aznar. Pilar del Río, tan vehemente como yo, lo apoyaba. Manolo y Morán mantenían una posición discreta. Y pensé que no lo iba a volvera ver. Pero fue una amistad íntima de 17 años, hasta su muerte, en que acompañé su cadáver a Portugal. Saramago me hizo cambiar, ha influido mucho en mi vida, como Manolo, me hizo pensar mucho, me volví más activista contra la injusticia. Parecía un hombre seco, pero era irónico y cercano en su timidez”.

-¿La cultura le ha hecho más compañía que la política?

“Sin duda. Bernardo Bertolucci, que era amigo de Alberto Vázquez Figueroa, me dijo, ‘de haber sido italiana habrías sido actriz’. Pero no me han ofrecido ni un spot de mala muerte”.

-Falso. Usted sale en la película José y Pilar, que compitió por el Oscar.

“Cierto, del realizador Miguel Gonçalves Mendes. La produjeron Almodóvar y el director brasileño Fernando Meirelles, que llevó al cine Ensayo sobre la ceguera. Hay una escena, en la cocina, en casa, tomando café, Saramago, Pilar, Manolo, yo y mi hija Lola. Y surge una de nuestras discusiones: Pilar a favor de Hillary Clinton y yo de Obama. Al final Saramago dice, ‘bueno, me voy a casa’. Le pregunto, ‘¿por qué, José?’ Y dice, ‘porque ustedes son los únicos amigos que un día como hoy me hubieran sacado de casa. Hoy termino El viaje del elefante”.

-¿Cómo ha sido el viaje político de Manuel Medina?

“Pudo haber llegado más lejos. Manolo se merecía haber sido ministro de Asuntos Exteriores y presidente del Parlamento Europeo. El problema fue que era íntimo amigo de Fernando Morán, y Fernando estaba sentenciado por Felipe”.

-¿Cuándo fue a Colombia en misión de paz qué pensó?

“Fue en una avioneta con armas de la guerrilla para entregarlo al Ejército. Pero no me dijo nada. Quien metió la pata fue Elena Flores, secretaria de Relaciones Internacionales del PSOE, que me llamó y me dijo, ‘Loly, no te preocupes que todo va a salir bien’, y me asusté”.

-¿Por qué les acusó una revista de ser espías de Marruecos?

“No tenía ni pies ni cabeza. ¡Ni que tuviera yo millones en Marruecos y fuera una espía como Mata Hari!”.

-¿Qué le hizo fracasar como empresaria?

“La crisis del Golfo. Me metí en un negocio de agencias de viaje y perdí hasta la camisa. Desde entonces no paro de trabajar como abogado”.

-¿Ha llevado casos de desahucios?

“Sí. Ha habido tres sentencias del Tribunal de Justicia Europeo contra España. Antes los jueces le daban la razón a los bancos, pero se han sensibilizado a favor de los ciudadanos. No olvidemos que ha habido suicidios por esta causa. La vivienda es más importante que la educación. Es lo primero”.

-¿La reforma del Código Penal y la ley de Seguridad Ciudadana (ley mordaza) qué le parecen?

“Entraron en vigor el día 1. Estoy en contra. Es una cabezonería del PP a pocos meses de unas elecciones. España tiene que repensar su legislación. No puede ser que los homicidios prescriban a los 15 años y las deudas no prescriban nunca. No es humano”.

-¿Por qué puso en pie a la isla contra las torretas de Unelco en Vilaflor en 2002?

“Por encargo del alcalde José Luis Fumero, que me informó del atropello: el tendido atravesaba una zona de pinos protegida. Fue una manifestación emocionante”.

-No es ajena a las críticas posteriores por el resultado. ¿Se arrepiente de algo?

“Yo sé que mucha gente se queja de que las torretas están a la vista en la autopista del Sur. La empresa se quiso ahorrar 11.000 millones no soterrándolas. No hay motivo para arrepentirse. Me hubiera gustado que se hubiera hecho subterráneo. Pero salvar los montes de Vilaflor me parece importantísimo”.

-Usted es una tinerfeña de Las Palmas. ¿Cómo somos?

“Socarrones y con una maravillosa retranca. La retranca canaria es lo que más me gusta. Cuando nos dan lecciones, nosotros calladitos, pero cuando ellos van, volvemos”.

FOTOS: SERGIO MÉNDEZ
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La ‘divina’ Garbo y la ‘divina’ Loly

“¡Si al menos supiera engarzar collares de versos!”, escribe Loly Palliser (“soy un verso libre”) en uno de sus poemas inéditos, que hablan con el otro. El día que murió en la carretera, César Manrique había dejado escrito en un pósit pegado sobre su mesa, “Llamar a Loly y Manolo”. Ese recuerdo que pospone el contacto eternamente lo guarda Loly Palliser entre algunos fetiches que la vinculan, ya póstumos, al artista lanzaroteño con el que tejió una estrecha amistad. “Tengo su piano del Almacén; me lo regaló”, y él se quedó sin querer con una colección de películas de Greta Garbo la divina, que Palliser (a la que César llamaba la divina Loly) le prestó en los últimos días de su vida y que nunca quiso recuperar después de su muerte. Figuran en su casa museo de Haría. En Fin de Año, los dos se disfrazaban de boleristas con Pepe Dámaso, en una parodia de Los Panchos que era tan traviesa como metódica. “Nos lo tomábamos muy en serio, y luego desafinábamos sin perdón de Dios. Éramos el trío peor pagado y más divertido del mundo”. Gran Canaria, Tenerife y Lanzarote son las islas de la tríada de Loly Palliser: en la que nació, en la que ha vivido siempre y en la que se ha relacionado con medio mundo cultural y artístico alrededor de César -conejero- y de José Saramago -portugués nacionalizado conejero-, sus dos amigos del alma. Ella los conoció a los dos, pero ellos nunca se conocieron entre sí. Representan los dos momentos de mayor repercusión de Lanzarote, dejaron mucha huella a su paso, que les dio a sus obras una dimensión internacional poco común desde un territorio tan pequeño. Manrique atrajo la atención de Europa sobre su recreación de la isla y Saramago ganó el Nobel de Literatura.

“Cuando llegaban sus amigos de fuera a visitarlos, ellos los mandaban a casa para que cambiaran de aires”. Uno de esos amigos fue Ernesto Sábato, camino de Argentina en pleno corralito tras recibir un premio, un comunista longevo que rompió con la URSS por las purgas de Stalin y con Eva y Perón en su país. El físico que trabajó con Madame Curie y abandonó los logaritmos sinusoides por la literatura para escribir novelas esenciales como Sobre héroes y tumbas, le habló aquel día de su íntima amistad en París con Óscar Domínguez, que estuvo a punto de tentarle con éxito respecto a la idea del suicidio, que el pintor consumó un año después, Antes del fin. Una vez, en el patio de su casa, Kraus le dijo que se había mantenido al margen de los tres tenores, “porque no es bueno popularizar la cultura”. A Palliser le desconcertó esa opinión, pero le inhibió la falta de confianza suficiente con Kraus. “Me hubiera gustado discutir con él ese asunto”. En otra ocasión, presentó un ensayo de José Luis Sampedro junto a Juan Cruz, y de ese modo conoció, acólita del espíritu del 15M, a uno de sus mentores longevos, con Stéphane Hessel. En el trasiego de huéspedes en Lanzarote, pasaban un fin de año con Garzón en la isla, o un fin de semana con el presidente portugués Mario Soares, amigo de Medina. La presencia de Manolo Medina en la vida de Loly Palliser resuelve muchas conjeturas sobre cómo acomodó ella su vida después de la política. La sensación que trasmiten es que han puesto las cosas al derecho y al revés y han pactado salvarse juntos. En las islas Comores, adonde viajaba Medina por encargo de la ONU, sintieron oscilaciones en el mar y salieron a tiempo sin saber que un tsunami se cobraría esas Navidades de 2004 más de 200.000 vidas en el sudeste asiático. “Nos quedamos en un cuartito, con nosotros estaba Jean-Jacques Annaud,  el director de la película El Oso, hasta que nos pudieron rescatar”. LolyPalliser encontró, hace tres décadas, en Medina (su segundo matrimonio, “un hombre demasiado preparado”), una tregua para siempre. La flema de Lanzarote, de los volcanes dormidos. “A veces lo sereno yo a él, pero él me estabiliza y yo le doy vida”.

La secretaria de Palliser, cuando era consejera de Turismo y Transportes, le pasó una llamada de “don Manuel Medina desde un sitio muy raro, el Hemiciclo”, y el entonces diputado nacional la invitó a verse en Nueva York, donde él daría una conferencia y ella haría una gestión oficial por encargo de Saavedra. De estudiante, ella se afilió al PSP y repartió octavillas de un mitin de Tierno Galván y Medina. Dice que la noche que cenaron en Nueva York, por mediación del exalcalde de Las Palmas Juan Rodríguez Doreste de “celestino”, fue un “flechazo”. Después, cuando pasó página y, tras el Gobierno, regresó a la vida civil, le esperaron curvas que debieron sortear juntos; tras quebrar sus empresas y arruinarse, se convirtió en una abogada-coraje, comprometida con causas sociales, y  una contertulia habitual. “Si pierdo la curiosidad, me muero”. Con la muerte de los amigos más cercanos ha tenido que rehacer sus hábitos. Cuando murió Manrique, a finales del 92, se hizo un vacío en la isla; Palliser y Medina sentían que faltaba el genio de Lanzarote. Ese mismo año, arribó a Tías José Saramago. Para quedarse. Y desde entonces hasta su muerte, en junio de 2010, confluyeron los dos matrimonios. El espíritu de Manrique sobrevolaba esa tribu que tenía en él los sedimentos de la amistad de todos ellos con la isla. Ahora faltan los dos, Manrique y Saramago. Es la soledad a la que se refiere aquí Palliser. Hija de una madre falangista, María Dolores Díaz, “una chasnera simpática y culta”, y de un militar, Miguel Palliser, mallorquín, coronel del Ejército, nació cerca de Las Canteras, y a los siete años la internaron en un colegio de Tenerife. “Mi padre fue destinado al Sáhara y a mi madre, que era la delegada del Gobierno de España en el Sáhara, la llamaban la madre de los saharauis, porque los defendía. No tardaron en sacarlos de allí”. “No sé cómo he llegado hasta aquí -reflexiona Loly Palliser-, pero soy fruto de un azar que me ha puesto en los sitios al lado de personas que han jugado un papel en la historia. Y algunas de ellas ya no están”.