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La puta carta negra

1. Como si se quisiera quitar todos los temas pendientes de encima antes de agosto, la Agencia Tributaria ha inundado Correos de cartas negras. No se podían haber inventado un color más alegrito, sino que todas las comunicaciones llevan un plástico negro, con la sola intención de asustar y de joder al contribuyente. Tengo un conocido que cada vez que ve llegar al cartero, en funciones de notario, con uno de esos sobres tan negros como su propia suerte, le dice al de amarillo: “Aquí no es”. “Pero si lleva su nombre”, le responde el funcionario de Correos. “Pues yo he dejado de ser yo”. Y no lo recoge. Pero creo que si no los recoges es peor, porque entonces te citan vía Boletín Oficial de la Provincia, una publicación espantosa que nadie lee, sino el amigo fiel que quiere darte la buena noticia: “Has salido en el Boletín, je, je”. Uno vive en un permanente susto e inmerso en unos plazos para todo. Unos plazos que, poco a poco, te van quitando la vida.

2. España sufre las cargas impositivas más altas de Europa, para que luego vengan los Bárcenas y los concejales trincones a llevárselo todo y Rato amase una gran fortuna, sólo penada con el delito fiscal. Y para que los familiares de los dirigentes de la izquierdona “trabajen” con impunidad en los ayuntamientos y jueces benévolos los perdonen. Y para que los sociatas se mamen millones de euros de dinero público en Andalucía y aún la gente siga votando por ellos. Qué país más bien repartido, señor mío. Es verdad que en Suecia se paga más, pero los suecos tienen garantizada una vejez digna, servicios sociales excelentes, una sanidad modélica y transporte público gratuito para los jubiletas. No hay comparación.

3. Las cartas negras de Hacienda componen una danza maldita en las oficinas de Correos de toda España. Llegan por oleadas, turbando la tranquilidad de particulares, pequeños empresarios y desesperados autónomos. Los del puro no reciben esos sobres, sino sus secretarias, ellos atrincherados en las paredes de sus lujosos inmuebles y parapetados tras una legión de especialistas que incluso le ganan pleitos a la Agencia Tributaria, porque la mayoría son exinspectores en excedencia y se saben todos los trucos del departamento que les vio nacer. ¡Qué país!

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