reflexión

La Sagrada Familia – Por Juan Pedro Rivero

Estos días he tenido la suerte de compartir con 63 alumnos de Bachillerato de 26 seminarios de España cuatro días de encuentro y convivencia. No estaban todos lo que podían haber estado, pero los que estuvieron son la manifestación más elocuente de que no podemos mirar a las jóvenes generaciones con el discurso subconsciente de que “todo está perdido”. Ni mucho menos. Las generaciones que nos sustituirán en este itinerario de vid social llevan en sus mochilas unos valores y unas capacidades que merecen ser reconocidas y valoradas.

Entre los monumentos que visitamos, evidentemente, no podía faltar la basílica pensada por Gaudí en 1882 y dedicada como templo expiatorio (con exposición perpetua del Santísimo) de la Sagrada Familia -Temple Expiatori de la Sagrada Família-. Un paradigma del arte modernista catalán en el que, curiosamente, se le da vuelta al calcetín de la estructura de cualquier templo que solemos visitar: lo de dentro está por fuera y lo de fuera está por dentro. Los retablos y las imágenes están en el exterior de la Basílica y, paralelamente, el mundo natural y humano está por dentro en torno al altar del encuentro con Dios.

Es curioso, sí, pero es también un símbolo revolucionario. El papa Francisco nos está hablando de una Iglesia en salida misionera, que arme lío en las calles, que sea un verdadero hospital de convalecientes… Y eso, simbólicamente, se puede contemplar en la estructura arquitectónica de ese templo barcelonés. Lo que constituye la intimidad de nuestro gozo y alegría, que lo manifieste la cara y las actitudes externas. Un arte testimonial.

Toda aquella belleza, todo el imponente despliegue de creatividad y belleza, dedicado a la Familia de Jesús. Llama la atención la importancia que la familia suscita para el autor y para los ejecutores de la Basílica. No se puede menos que sorprender uno ante la escasa relevancia social y política que se le da a la familia cuando para la experiencia sumativa de la civilización occidental tiene, especialmente para la tradición judeocristiana. Será en Barcelona un templo hermoso, pero hermoso deben ser todos los demás templos familiares en los que ha de habitar el ser humano.

Sin familia habitamos chabolas existenciales; con familia la vida es una basílica.

@juanpedrorivero