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Los vecinos de San Andrés prefieren la protección del dique a la playa

El acopio de bloques continuaba ayer frente a la improvisada playa. | F. P.
El acopio de bloques continuaba ayer frente a la improvisada playa. | F. P.

La obra del dique de San Andrés continúa ante la mirada atenta de los vecinos del pueblo pesquero, que ven cómo por fin se están ejecutando los trabajos de construcción de la escollera, la misma que ayer debía comenzar a conformarse con los bloques de hormigón y que el aviso amarillo por fenómenos costeros ha dejado en suspenso, al menos, hasta mañana. Esta obra también está dejando al descubierto una pequeña playa que los vecinos están aprovechando para darle uso como zona de baño, un espacio de ocio que la mayoría pone en segundo plano frente a lo que consideran realmente importante, la protección que el dique puede ofrecer.

La estructura que se está construyendo frente a la avenida de San Andrés, en la que se ubican los principales negocios del pueblo, ha levantado la expectación de los vecinos que se debaten entre la esperanza y el escepticismo. Son muchos los que esperan a la conclusión de las obras para poder opinar, aunque otros se lanzan con el presagio de “un futuro mejor” para un pueblo que año tras año ve cómo el mar desborda su costa y afecta a comercios y vecinos. La mayoría ve con buenos ojos la obra de contención, sobre la que varios vecinos declaran que lo importante es que el pueblo “esté seguro ante los golpes del mar”. Desde la Asociación de Empresarios de Anaga, su presidente, Christoph Mersmann aseguro que “estamos muy contentos con la construcción del dique ya que por fin tendremos la protección y la seguridad que necesitan los vecinos”. En cuanto a la playa, “no nos preocupa ahora mismo, lo importante es que nunca más vuelva a entrar el mar en los negocios de la gente del pueblo”.

A su vez, Silvia Díaz , miembro de la Asociación de Mujeres Ágora de San Andrés, asegura que esta playa de la que se habla “siempre ha estado ahí” y lo que de verdad reclaman “con urgencia” es la conclusión del rompeolas antes de que lleguen las “mareas vivas” de finales de agosto y se produzcan destrozos como en los últimos años.

Con la llegada de una grúa de dimensiones gigantescas, que se ha emplazado en la entrada del pueblo junto a la costa, se espera que la obra concluya en octubre si no surge ningún contratiempo, como el que ayer impidió que la grúa iniciara la colocación de los cubos de la escollera en el mar.