reflexión

25 mujeres asesinadas – Por Juan Pedro Rivero

En lo que va de año, por violencia machista en el seno de la familia, 25 mujeres asesinadas, y una cantidad mayor aún elevada de hijos que también son víctimas y que mueren por la misma violencia que sufren sus madres. Todos mueren cuando muere la sensatez y se despierta la bestia que anida por dentro: matar a los hijos, matar a la mujer y atentar el suicidio final para que la muerte cierre la puerta al fracaso de una familia rota y atormentada. Los medios de comunicación han explicado recientemente que las principales víctimas son los menores, pues “haciéndole daño a los niños se quiere hacer daño a la expareja”. Un hogar que se rompe es siempre un mal que no debió suceder. Nadie inicia la vida matrimonial desde la violencia y el desamor. Pero falta hacer acopio de aquellos recursos necesarios para la convivencia sana y estable. Para que un matrimonio funcione no sólo basta la atracción sexual y el tener un trabajo que garantice cubrir las necesidades básicas. La convivencia no se reduce a una ciega noche de pasión repetida con frecuencia. Hace falta mucho más. Las políticas familiares no deberían contentarse en ser sólo preventivas. Es necesario, pero solo no basta. Deben ser propositivas y ofrecer los recursos para una convivencia sana. El diálogo, la capacidad de rehacer las relaciones, la empatía, la capacidad de renuncia en favor del otro, el respeto y la confianza, la fidelidad, son herramientas que hay que promover en cualquiera que atente públicamente compartir la vida con otra persona en matrimonio. No hace mucho resumía el Papa en tres palabras las actitudes que harán de un matrimonio una experiencia duradera y fructífera: “Por favor, gracias y perdón”. Ha de ser repetido muchas veces y ni renunciar a decirlas ni agotarse en el intento. La única institución que ofrece un itinerario de preparación prematrimonial es la Iglesia. Y lo que hace es del todo insuficiente. Nos pasamos la vida estudiando para obtener un título que nos capacite para una profesión. Y, para la convivencia matrimonial, la preparación ¿puede reducirse a la inercia y espontaneidad de lo que la naturaleza y la buena voluntad nos ofrece? Hay cosas que deben ser tenidas en cuenta y cuidadas con esmero. Y no sólo por el bien de la pareja que convive en matrimonio, sino, sobre todo, por la salud y desarrollo armónico de los hijos. Será más o será menos, pero en una ruptura matrimonial siempre sufren los pequeños.

@juanpedrorivero