opinión

Acuarelas de Antonio Rodríguez en El Corte Inglés – Por Joaquín Castro

En la sala de exposiciones de El Corte Inglés se pueden ver las acuarelas del artista Antonio Rodríguez, llenas de un exquisito colorido, en las que hace alarde del tecnicismo propio de su formación. Composiciones de interiores, cafeterías, como pueden ser de Madrid o París, o paisajes donde la arquitectura juega un papel muy importante lo vemos en su trabajo dedicado a Nueva York, o en el de las avenidas de Santa Cruz con las Montañas de Anaga al fondo o las grúas de los muelles adyacentes. En sus trabajos las ciudades están omnipresentes, calles de barrios en las periferias o las grandes avenidas símbolos de modernidad. Construcciones y espacios, detalles de manchas impregnadas de lo que el momento va dictando al artista, que se contraponen con la presencia de personajes. Pintura aplicada sobre una buena composición y acertados colores, todo siempre ajustado y medido.

Encuentro en la pintura de Antonio Rodríguez perfección y perfeccionismo, pero también hay alma, sentimiento y personalidad. Difícil camino el de la pintura, sobre todo el de la buena pintura de la acuarela.

Es un artista que ha sabido encontrar los rincones bellos de los países que ha visitado. Traslada al cartón, su mundo de formas y de color, pensemos en el trabajo que dedica a Nueva York, parece que estemos caminando por aquellas avenidas de Broadway con sus anuncios emblemáticos de mil colores que desprenden los altos edificios o paseando por la avenida de Anaga con su cordillera al fondo símbolo de Santa Cruz. Pero este pintor no es un mero transcriptor, no se limita a plasmar la realidad, sabe infundirle un encanto especial, sabe personalizar. Es un notario de la realidad; buen dibujo, color aserenado, real. En su trabajo destaca la belleza de lo natural, demostrando una vez más que en la exposición de este pintor parece que el arte supera a la naturaleza. Cada uno de sus trabajos se convierte en un ejercicio estético bien resuelto. En ellos contemplamos transparencias, atmósferas de panorámicas de los distintos puntos que le han servido para sus temas; pensemos en las vivencias a flor de piel de los cafés de París, con los personajes disfrutando de las buenas comidas y sus camareros sirviéndoles, lo mismo ocurre con el tema de Madrid y Turín. Escenas que recuerdan el París de Toulouse Lautrec y sus bailarinas de cancán. Obras llenas de amor a su carrera artística, y sobre todo de poder de atracción a la contemplación de las mismas.

La obra de Antonio Rodríguez es un proceso gestual, emocional y al tiempo cerebral, que acaba controlando y convirtiendo en una descripción vibrante de los temas, básicamente interiores y paisajes. Juego de luces a los que da brillantez la riqueza de su paleta y que se encargan de atrapar una visión impresionista de alta densidad.