SUPERCONFIDENCIAL

La calima

1. Nos está azotando la calima, que es una consecuencia sahariana inevitable que altera el carácter y llama a la mala leche. No hay nada mejor para el cuerpo y para el alma que un cielo despejado, por eso cuando se mete la nube cenicienta y pesada a uno se le agudizan las ganas de joder a los demás. Esta calima vino más bien de Argelia; el otro día me abordó gratamente una joven mamá, en el Mencey, que había vivido en Argelia, pero ello no le había impedido leer mi libro Todos los magos son del Barça que le había prestado su suegro. Es reconfortante que a uno lo lean viniendo de tan lejos, como la calima, que se mezcló con la lluvia y puso perdidos a los coches y a la gente que se atrevió a ir a la playa. El clima plomizo invita al pesimismo, así que es mejor refugiarse uno bajo techos seguros, como los de Hospitén, donde he pasado el fin de semana, aunque de acompañante.

2. Cada vez que venía el rey Juan Carlos a Canarias se metía la calima, no sé si como defensa contra sus posibles cacerías (aquí no hay sino conejos, muflones y perdices, no hay elefantes) o por pura coincidencia. Pero la familia real no conoció jamás -todavía está a tiempo- una Canarias luminosa, sino unas islas tristes, dominadas por el polvo sahariano que dura siempre de tres a cinco días sobre nuestras cabezas. No hace falta meteorólogos para saber cuándo se va: siempre a los tres o a los cinco días de llegar. Los viejos saben más que los meteorólogos.

3. A lo mejor cuando ustedes lean esto, desocupados lectores, si es que lo leen, ya la calima habrá desaparecido. Ojalá. Antañazo, la calima traía la langosta, que acababa con nuestras huertas de lo que fuera. Pero ahora a la langosta se le combate con aviones, como al Estado Islámico. Los tuaregs se comen la langosta friéndola en sartenes del desierto. Cada uno come lo que puede. Hoy me dio por escribir de la calima, que no es otra cosa que un recurso literario de verano, que se agradece. Porque no sé si ustedes han echado un vistazo a los telediarios, un suponer; no te enteras de nada y te rellenan el tiempo con una suelta de tortugas bobas en cualquier playa de alrededor.

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