tribuna

Como quien significa demasiado – Por Indra Kishinchand

Así era él. Demasiado orgulloso para aceptar que le gustaba más vivir en sueños que enfrentarse a la realidad. Conformista como para mirar al mundo y no encontrar ningún aspecto que necesitase un cambio. Decía que le habían hecho así (nunca desvelaba quién) y que así pensaba seguir hasta que algún suceso le hiciera desaparecer, nunca transformar su opinión. Era el ejemplo perfecto para todos aquellos que cargaban contra la juventud y su irreverencia silenciosa, su pasividad. Se convirtió sin quererlo en el referente de miles de chavales que esperaban con ansia parecerse a sus ídolos porque sus hogares estaban llenos de antihéroes; al revés que en los libros, en aquellas casas nadie sentía simpatía ante imperfección.

A medida que comprendió que otros intentarían imitar sus actos y sus palabras, un sentido, tal vez innato pero dormido, de la responsabilidad, floreció por todos sus rincones. Él se había hecho a sí mismo aunque le hubiera costado reconocerlo, y gracias a su valentía ahora también podía modificar todos los espejos que había roto por vergüenza de saberse in(útil) en y para el mundo.

Después de todo, como quien significa demasiado, volvió.