EMPRESARIOS: SANTIAGO SESÉ

Deberes hechos a tiempo

 Santiago Sesé
Santiago Sesé. / DA

POR ANTONIO SALAZAR

El que la crisis llegara de forma inopinada y sin anunciarse es una opinión que muchos trasladan, particularmente desde la esfera de lo público. No tiene mucho que ver con la realidad, por más que resulte cierto que la intensidad de la misma sorprendiese incluso a los más avisados. Es el caso de Santiago Sesé, quien, observando la evolución de la economía, tomó una serie de medidas en su grupo empresarial que le permitieron capear el temporal y llegar hasta hoy, conservando así los 30 puntos de venta de Benetton, dos hoteles tan distintos entre sí como el Príncipe Paz y el Parque La Paz, empleando a más de 300 trabajadores. Lo vivido le da cierta autoridad para pedir a la administración pública que también haga su parte de trabajo para salir mejor de la crisis.

-¿Qué le hizo sospechar que venía una crisis como la que estamos viviendo?

“Había estudiado primero Empresariales en La Laguna y Económicas en Madrid, pero creo que el máster lo hice en la anterior crisis de principios de los noventa. Por mi conocimiento de los ciclos económicos y mi experiencia, decidí protegerme tomando una serie de medidas. Y es verdad que, aún viendo que algo ocurriría, tampoco pensé que fuese del tamaño e intensidad de lo que posteriormente aconteció”.

-¿Qué le había ocurrido en aquella oportunidad para hacerlo tan prudente posteriormente, precisamente cuando desde todos los sectores se invitaba a la gente a que no lo fuese?

“Aprendí que la proporción entre los recursos ajenos y recursos propios debía mantener un equilibrio para que cuando cambiase el ciclo económico, el endeudamiento fuese manejable. En mi caso, partía de un endeudamiento elevado y en el momento en el que se concedían más créditos, yo los devolvía anticipadamente para ajustarme a ese objetivo. De esta manera, logré consolidar el balance de las empresas, fundamental para dar viabilidad a las mismas a medio y largo plazo”.

-¿Cómo fueron sus inicios con Benetton?

“A mí siempre me interesó el mundo de la empresa. En Madrid había contactado con Pepe Barroso, propietario de la marca Don Algodón. Me gustaba la idea del desarrollo de sus tiendas y abrí una primera aquí en Tenerife y luego otra en Las Palmas, las dos en franquicia. Pasado el tiempo, él vende a Cortefiel y yo busco algo que me satisfaga y lo encuentro en Benetton. Se me da la posibilidad de entrar, y me quedo con la gestión de las tiendas de la marca en Canarias. En ese momento, la empresa estaba descontenta con la gestión que se realizaba desde la Península, básicamente porque es muy complicado gestionar un negocio de forma homogénea desde la distancia sin entender la naturaleza de las Islas. Negocié con Benetton, llegando al acuerdo de que la compañía recuperaba los seis millones que había perdido con la anterior gestión y yo me quedaba con la representación en unas condiciones flexibles para devolver la deuda”.

-¿Qué es lo que le ve al negocio para aceptar una deuda de seis millones a una marca que, por las razones que fuera, no había conseguido despuntar en Canarias?

“Era joven, tenía determinación y me gustaba la marca. Benetton es una marca líder en el mundo, presente en 125 países. Algo que funciona en todo el mundo no puede no hacerlo aquí. Además, ellos confiaban en mí, me dejaban bastante autonomía y creyeron en la idea de crear una red de tiendas turísticas en las que contar con precios muy agresivos como ventaja comparativa. Así y todo, cuando formalicé el contrato en Barcelona de la deuda que asumía con Benetton, el notario me preguntó varias veces si era consciente de lo que estaba firmando. Y claro que lo era, es verdad que pudo haber salido mal, pero no me puedo quejar de cómo nos han ido las cosas desde entonces”.

-El crecimiento fue continuo y luego ya diversificó también con los hoteles

“A mí me gusta diversificar en la medida de lo posible. Me he movido simultáneamente entre el comercio y el turismo, he terminado aprendiendo que cuando el turismo va mal todo lo demás va mal. Pero que el turismo se recuperara tan pronto ha limitado los daños de la crisis en Canarias, aún siendo importantes. Hay previsiones de crecimiento para Canarias, pero debemos pensar en las razones para que esto ocurra. Son todas externas: política expansiva del BCE, tipos de interés bajos, precio del petróleo… Es bueno que Europa crezca porque es ahí donde están nuestros clientes, pero no lo podemos fiar todo a eso. ¿Qué hemos hecho nosotros para esta mejora? Los empresarios también podemos ser merecedores de reproches, pero el sector público de igual forma. Me he quejado reiterada y públicamente desde la Cámara de Comercio del estado de nuestras infraestructuras, en particular del aeropuerto Reina Sofía. El Plan Director del año 2002 decía que su capacidad máxima es de 10 millones de pasajeros al año y estamos hoy en más de 9 millones. Con lo que se tarda aquí en contar con los permisos, proyecto y construcción -no menos de 6 u 8 años-, ya llegamos tarde. Es algo que no podemos permitirnos. Uno acepta que los presupuestos públicos atiendan cuestiones sociales urgentes, pero debe haber algún equilibrio en el gasto del Gobierno. No tiene sentido que la inversión pública disminuya de una manera tan desproporcionada. Y a veces olvidamos que un turista pasa muchas horas en el aeropuerto. Si abandona el hotel a las 12 de la mañana y su avión sale a las 10 de la noche, su última imagen de la Isla será la que tenga en ese momento”.

-Se ha destacado por su papel en la defensa de un buen REF para Canarias. Parece que queremos cambiarlo todo para dejarlo como estaba.

“Siempre tuvimos un régimen distinto, como elemento compensador. Ahora bien, no debemos permitir que se confunda el REF con ayudas en situaciones de crisis, sería un error. El REF es un derecho compensador a nuestras circunstancias geográficas consolidado mediante el reconocimiento de la UE; sin embargo, también debería ser reconocido suficientemente en la Constitución Española como lo están otros fueros. Debemos luchar porque esto suceda y para ello es importante que la sociedad canaria lo reconozca como algo propio y lo reivindique. A veces perdemos la perspectiva del que se negoció en 1972, fruto del empuje y arrojo de la sociedad civil. Cuando veo la cantidad de pegas que siempre se ponen, pienso en aquel momento, en plena dictadura, sin partidos políticos intentando sacar un buen documento. Eso sí debió ser complicado. Ahora uno tiene la impresión de que la UE tiende a entendernos mejor que el Gobierno de Madrid, igual porque existen otras RUP, pero siempre parece superior la sintonía con Bruselas”.