PUERTO DE LA CRUZ

Delicias para todos

Beatriz Espinosa muestra las pinzas específicas que utiliza para servir los croissants sin gluten, que separa del resto de utensillos. / FRAN PALLERO
Beatriz Espinosa muestra las pinzas específicas que utiliza para servir los croissants sin gluten, que separa del resto de utensillos. / FRAN PALLERO

Beatriz Espinosa comenzó su aventura hace tres semanas. Fue exactamente el 1 de agosto cuando hizo su “gran apuesta” y abrió en el Mercado Municipal de Puerto de la Cruz la panadería Azúcar o Sal, la primera en el municipio, al menos que ella tenga constancia, destinada a todo tipo de intolerancias, desde el gluten hasta el huevo, el azúcar y la lactosa, así como otros elaborados específicamente para personas veganas, que no consumen ningún producto de origen animal, además de los comunes a otras tiendas de panificación.

Todo se inició porque en su caso sufre ciertas intolerancias, sobre todo a determinadas frutas, y tiene una hija de tres años a la que a los nueve meses le diagnosticaron una alergia muy fuerte al huevo e incluso estuvo ingresada mucho tiempo en el hospital. Empezó a hacer bizcochos y galletas sin huevo para la pequeña hasta que una buena amiga, cuyo hijo tiene intolerancia al gluten, la animó para elaborarle una tarta al niño. Se compró un horno para cocinar únicamente sin gluten y fue probando poco a poco hasta que decidió fundar su propia empresa en la que hay delicias para todos.

Es la primera vez que trabaja en pastelería y panadería directa, pero dice que hasta el momento no se puede quejar. Ha intentado utilizar un poco la lógica, y se ha puesto en contacto con asociaciones, consumidores y personas conocidas para saber qué es lo mejor para cada intolerancia o enfermedad, tener en cuenta las precauciones que debe tomar y conocer mejor su realidad.

Intenta hacer el producto “lo más natural posible” y es consciente de que eso lo encarece un poco, pero prefiere ofrecerle calidad a sus clientes. Por eso, la mayor parte de los dulces sin gluten los prepara bajo pedido, a excepción de las cosas que vienen envasadas, ya que hasta lo más simple, como es la harina, es muy costosa y en su mayor parte es difícil de conseguir. “Un paquete de medio kilo puede salir entre 9 y 15 euros”, precisa. El papel de oblea y el fondant sin gluten para cubrir y decorar la tarta, un trabajo que también corre por su cuenta, debe pedirlos a la Península, dado que aquí no se lo certifican y prefiere no correr riesgos.

Como son varias las intolerancias con las que trabaja, tiene una agenda en la que organiza los días que le dedica a cada una de ellas. La más delicada es la del gluten. Por eso, la jornada que le toca, lo primero que hace por la mañana es hornear este tipo de panificación que requiere un especial cuidado. Tal es así que tiene pinzas, táper, bandejas, batidoras, varillas, paños, un horno específico y una vitrina rotulados como “sin gluten”. Tampoco utiliza balletas, sino papel, para que la contaminación “sea cero”.

También le lleva mucho tiempo limpiar y desinfectar las cosas. Y aunque el Mercado Municipal cierra a las tres tarde, ella se queda trabajando hasta casi la noche para dejarlo todo listo para el día siguiente.

Cuando prepara este tipo de dulces saca la foto de cada producto que utiliza y se los muestra a los destinatarios para que comprueben su calidad. “Quiero intentar que esta panadería sea en este sentido un punto de referencia”, subraya.

“Recorrí la Isla para una tarta”

Mariam El Mahandi vive en Puerto de la Cruz y es madre de una niña celíaca. Cuando le confirmaron la enfermedad de su hija pensó que se ahogaba en un vaso de agua, pero por suerte, subraya, hay un buen protocolo médico y fueron los mismos profesionales quienes la pusieron en contacto con la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE), que la ayudó muchísimo. “La enfermedad me ha enseñado muchas cosas, desde cocinar hasta ayudar a otras personas, por eso no hay mal que por bien no venga”, confiesa. 10 años atrás era muy complicado conseguir los productos, que solo se compraban en herbolarios y tiendas específicas. Actualmente se venden en los grandes almacenes, pero el precio sigue siendo un problema importante porque es muy elevado. “Los productos que están al 100% libre de gluten tienen que tener un sello de la FACE que lo certifique y por eso son caros”, explica.

En su caso, no puede consumirlos toda la familia porque el gasto que le supondría equivale a “tres veces la cesta de la compra”. Por eso la cocina es otra faceta de su vida. Compra las cosas básicas como el pan, las galletas y la pasta y el resto lo hace ella y lo congela para poder ir a trabajar tranquila y que a la pequeña no le falte nada. Uno de sus primeros miedos fueron los cumpleaños, porque le quería llevar la misma comida que el resto de invitados y cuando llegaba el suyo no encontraba los productos que la niña podía comer. “Me he recorrido la Isla buscando tartas”, recuerda y por eso celebra la apertura de Azúcar o Sal. Hace unos años la pequeña ni siquiera disfrutaba del roscón de reyes, un dulce del que se privaba el resto de la familia para no tentarla.