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Encaje de bolillos

1. Todo estaba preparado. A Ricardo Melchior, para que dimitiera de la presidencia del Cabildo, le prometieron el Senado, que era su ilusión desde que nunca pudo derrotar a Alarcó en las urnas. Entraría por el Parlamento de Canarias, previa presentación a las pasadas elecciones. Como alternativa, la Autoridad Portuaria, previa colocación de Rodríguez Zaragoza en una viceconsejería. Pero aquí se metió Hermoso por medio, en una junta directiva, para decir que si él estaba considerado un jubileta, Melchior también debería estarlo. Y la renovación, tan cantada, no era colocar a Melchior quitando a Pedro R. Z. Lo del Senado tampoco salió porque eran tantos los compromisos de Clavijo, después de aquel Consejo Político de las traiciones, que el puesto tenía que ser -como fue- para la inconsistente Marimar Julios, a la que le encanta Madrid y los más de 4.000 euros al mes. A nadie le amarga un dulce. Melchior, tras aquel desgraciado accidente, está en una silla de ruedas, aunque podría recuperarse de sus lesiones en un calcañal y en una vértebra y en una mano.

2. A Javier González Ortiz lo tentaron por todas partes para que formara parte del equipo de Clavijo, pero él se mostró fiel a Paulino, como era su obligación. El día 1 de septiembre tomará posesión como responsable ejecutivo de la MAC. Buen sueldo en esa mutua, buena capacidad de actuación. Allí el PP, nadie sabe por qué, ha enchufado, como segundón, a Pedro Suárez, un tipo que no hace otra cosa que contar chistes y decir mentiras. Jubilado Pelopincho, a Fernando le abruman otros compromisos. Gobernar pagando las traiciones es muy jodido, pero no queda otro remedio. ¿Es el fin de CC, como dice, en sus momentos de lucidez, Efraín Medina? Puede ser. Tiene 60.000 votos menos. A este paso no sale Ana Oramas diputada en las generales. Ni que la campaña se la haga su marido, despedido de Visocán. Bueno, entonces sí que no sale.

3. No es una balsa de aceite CC, ni mucho menos. Tiene que recuperar los votos perdidos y eso, con los partidos esos emergentes, es casi imposible. Muy bien lo de las mochilas y las sonrisas, muy bien todo, pero tiene que haber luces y esas luces no se encienden. Yo tengo la sensación de que nos gobiernan señores y señoras débiles, que están ahí por casualidad. No sé.