Fermín Martín y el padre Adán

En el desarrollo de cualquier comunidad, en la mejora de las condiciones de vida de sus habitantes, en el ámbito que sea, es condición inevitable la existencia de personas que se sacrifican por encima de los demás por el bien común. Se trata de figuras que pasan a la posteridad, difícilmente quedan olvidadas en el futuro, pues de su quehacer diario sólo quedan buenos recuerdos, logros conseguidos y, en general, un sentimiento arraigado de que sin su trabajo, sin su esfuerzo, esos objetivos de hoy no se hubieran alcanzado. Esta semana nos ha tocado en La Laguna despedir a dos personas que cumplen fielmente con ese perfil. Dos hombres trabajadores, luchadores, que siempre supieron en sus vidas qué hacer y cómo lograr que otros se sumasen a objetivos tan loables. Don Fermín Martín y el padre Adán, cada uno en su ámbito geográfico y ocupacional, significan mucho, y lo seguirán haciendo, para todos los laguneros, pues de su intenso existir nos ha quedado esa sensación de que su trabajo ha promovido una mejor vida para todos los que estaban a su alrededor. Don Fermín Martín ha sido una de esas figuras que este municipio ha dado, de nacimiento o adopción, que se han significado por el trabajo en beneficio de la comunidad en la que vivían y a la que representaban. Don Fermín, batallador incansable, hizo de la lucha por la mejora de su pueblo, Guamasa, el motivo por el que reivindicar mejoras que han significado, con el paso del tiempo, un salto de calidad en la zona. Fue además impulsor del asociacionismo vecinal en La Laguna, junto a otros que convirtieron a Aguere en punta de lanza de la voz ciudadana en el Archipiélago, que supieron aunar voluntades para que esa voz sonase más fuerte si cabe en los pasillos de las administraciones o allí donde pudiesen solucionarse los problemas de sus convecinos. Ese espíritu reivindicativo no sólo lo proyectó en su ámbito geográfico más cercano. Martín fue también infatigable defensor de los derechos laborales de los trabajadores del sector del transporte. Ese espacio, que por razones profesionales también conozco, es sin duda escenario de debates intensos, de controversia, de búsqueda de espacios comunes y saber ceder y aceptar las cesiones de los demás para ganar. Es ese espíritu el que impregnó su hacer en La Laguna, su papel como representante vecinal en su trayectoria al frente de la asociación de vecinos de Guamasa. Del padre Adán es difícil escribir algo que no se haya escrito ya en los últimos días. Su marcha ha dejado huérfanos a muchos laguneros que sentimos con pena inmensa no volver a encontrarnos con él en las otrora estrechas aceras laguneras. José Miguel Adán recibió el calor de su ciudad de adopción en 2003, momento desde el cual una calle lleva su nombre. Fueron centenares los laguneros que le expresaron gratitud por décadas dándonos lecciones de humanidad, por una capacidad de trabajo que le llevó a derrochar ingenio y ganas en sus diferentes facetas, como impulsor del baloncesto en la Isla, docente en diferentes ramas del conocimiento, miembro fundador de diferentes coros, fundador de Cáritas en el municipio y un largo etcétera que da buena muestra de su capacidad para afrontar cada uno de sus retos con la misma energía e ímpetu, arrastrando consigo a quienes tuvieron la fortuna de acompañarle en estas aventuras. Se trata sin duda de dos pérdidas sensibles para nuestro municipio. Dos personas que con su esfuerzo, con su trabajo, con su compromiso, han sido partícipes de la mejora en la calidad de vida de quienes han tenido alrededor. Ese esfuerzo ha teñido de esperanza y de ilusión nuestro municipio y cuyo testigo recogen cada día cientos, miles de laguneros, que con su compromiso hacen que San Cristóbal de La Laguna sea, cada día, un municipio mejor. A ambos, muchas gracias.

*ALCALDE DE LA LAGUNA