después del paréntesis

Grecia

Las prácticas políticas del PP son extremas. Consideran que no puede ser de otro modo al repasar las encuestas y lo que ocurrió en las pasadas elecciones municipales y autonómicas: solo un partido parece estar conforme en pactar con ellos, esos a los que (también con maña sublime) los dirigentes de la derecha española definen como su “marca blanca”. O lo que es lo mismo, preparan el camino para que a los dichos Ciudadanos les ocurra lo que le ocurrió a UPyD. Tal cosa es, en verdad, lo que buscan. Se sobrentiende. La cara suprema del PP, y del uso de la democracia por el PP, es que solo dos compitan, que incluso los partidos nacionalistas han de ser reconvenidos convenientemente: PSOE y PP. Y como para los primeros eso de Zapatero está aún cerca, mayoría que, en tal estado de la cuestión, sería de nuevo mayoría absoluta. La reconvención prevista es que la legitimidad ha de descansar en su rigor, es decir, en lo apropiado a sus miras, y no a lo que decida la mayoría conforme a su ejercicio de la libertad y de la responsabilidad. De donde, se apresuran: listas mayoritarias para según y qué, más… Y para las generales, un modelo: Grecia, por lo mal que les va. Así, Podemos es Grecia, y el PSOE también será Grecia si pacta con Podemos, en tanto lo más sensato sería el gran pacto nacional con el PSOE de complemento. Esa es la panoplia que oímos uno y otro día, eso es lo que los dirigentes señalados se encargan de transmitir luego de los consejos de ministros, de las sesiones del parlamento, en la televisión pública o en los medios afines; esto: solo un partido puede sostener a España, después del impar salvamento, ellos; el resto es ruina. Lo confirmó Luis de Guindos el pasado martes, al hablar del tercer rescate de Grecia: frente a la solvencia, “espejismos” y “cantos de sirena” del populismo.

Pero, ¿cómo se consagra ese atentado a la razón, a la cordura y a la solvencia democráticas? Que a lo que atiende semejante misterio es al poder real, no a lo que da fundamentos al ejercicio del poder real. Lo lógico sería que esa actuación se asiente en el modo de ser de un partido que encarna una ideología. Esto es, lo que el PP esconde no son sus triquiñuelas, sus subidas de impuestos, sus recortes en educación, en enseñanza o en prestaciones; lo que esconde es la ideología. Esconde una ideología comprometida con los sistemas financieros y no con la gente y que deplora de lo público. De ahí que, por ejemplo, lo público que da dinero ha de privatizarse. El resto es un regalo del que los ciudadanos debemos estar sumamente agradecidos.
Así pues, con las directrices supuestas, el gobierno sacó a dar las explicaciones oportunas de su beatitud (la que vendrá después de las próximas elecciones generales) a quien nos machacó en el pasado e incluso nos amenazó: Cristóbal Montoro.

¿Por qué no? Sin ellos Grecia, ya digo, y el Corralito. Por eso si no actúan del modo conveniente los que pueden darle la mayoría absoluta dicha, que Dios los coja confesados. Lo consecuente (como en cualquier país que se precie) no es discutir con los adversarios por qué España sería igual a Grecia, si el gobierno cambia. Lo incuestionable es garantizar en las urnas su despotismo, para que la Europa de la señora Merkel continúe admirando sus sutilezas.