REBEQUITA, POR SI ACASO

‘La Asamblea de las Mujeres’: una conjunción de aciertos

Cuando aparece sobre el escenario, a modo de corifeo, un Miguel de Molina redivivo, anunciando lo que se nos viene encima, uno ya sabe que la propuesta de La Asamblea de las Mujeres que han parido Juan Echanove y Bernardo Sánchez se vislumbra heterodoxa y, al tiempo, magnética. Así es, durante las casi dos horas que dura la función que más llenos ha conseguido en el Festival de Teatro Clásico de Merida, 8 de 10, y que ha sentado a casi 30.000 admirados espectadores (y los que quedan) en sus gradas milenarias. Ante nosotros se despliega la magia de un juego de cajas chinas en el que una compañía cualquiera, perdida en un bucle espacio-tiempo, viene a parar aquí, ahora, para representar una comedia que engrandece a todos los que en ella participan. También, necesariamente, al público, inmerso, desde el principio, en el ambiente sublime que crea la música del maestro Javier Ruibal, hijo del Puerto de Santa María y único en el mundo, que, con su gusto habitual, adereza un plato teatral redondo.

Los actores… Oh, los actores. Como conjunto son un engranaje casi perfecto y como individualidades están -así lo he oído de sus bocas- ante su mejor trabajo, que no necesariamente es siempre el último. Pedro Mari Sánchez compone un Blépiro que contiene toda la esencia de los cientos de personajes de su larguísima carrera. Un marido contrariado y molieresco, todo un carácter que a veces es shakespeariano y otras una mezcla de Pantalone, Dottore y Arlequín, pero que siempre es magistral. Hay talento y oficio. Y, sobre todo, ilusión y ganas de sorprender y sorprenderse. Lolita, que triunfa, también, con La Plaza del Diamante, arma con arte una Praxágora enérgica, que parte de Grecia y por el Mediterráneo enfila la Costa de la Luz, entra hasta Jerez y, tanto se queda, que de su boca sale un aplaudido homenaje a quien le dio la vida: “Si me apoyáis, irse”.

Y todos, desde la impresionante Pastora Vega hasta una María Galiana, siempre genial y aquí sorprendente, pasando por la chispa de Sergio Pazos, la sensualidad de Concha Delgado, el ímpetu de Luis Fernando Alvés, el crecimiento de Santi Crespo y la poderosa voz de Bart Santana, hacen de esta comedia coral un oasis en el calor emeritense.

Pero nadie se engañe. El texto de Sánchez no solo aggiorna la obra y el estilo de Aristófanes, sino que le da un sentido al discurso clásico inicial, mucho más limitado, y lo convierte en ánfora que contiene toda la decadencia de Europa, la de entonces y la de ahora, que, al fin, somos siempre lo mismo. Entonces, la guerra del Peloponeso y los malos gobernantes. Hoy, la crisis económica -y los malos gobernantes-, la estafa común y la amenaza de la salida del euro. El ultimo Blépiro, travestido para poder huir del gobierno femenino, de un mundo en el que ya no cabe, es Grecia entera que no quiere ser seducida por un ruso, que es Rusia entera, y que viene a comprarla con zalamerías. Hay para todos y para todo en este juego de confusión que está muy claro y que, como cada cosa de la vida, tiene varias lecturas, cada una de ellas más interesante. Uno se puede quedar solo con la comedia. Y, así, no parar de reírse con los muchos golpes de gracia, actuales y universales, que la función contiene y que están lejos del escatológico mundo de los clásicos. O puede adentrarse en ese otro nivel en el que se explica cómo degeneran los generales -aquí generalas- que acaudillan revoluciones que solo sirven para que, con el tiempo, a la gatopardiana manera, todo cambie para que todo siga como estaba. Cuando un equipo es equipo, se nota. Y el director es, en ese sentido, fundamental. Echanove, con la profesional Monica Vic como mano derecha, y contando con un elenco técnico aquilatado y preciso, ha conseguido, con enorme sabiduría y generosidad, armar un puzle en el que las piezas no solo ajustan, sino que, en conjunto, mejoran las individualidades más poderosas.

Esta feliz Asamblea de las Mujeres es ya un hito en la historia, larga y profusa, de Mérida, donde se despide esta noche. Aún quedan plazas en las que disfrutar del arte eterno: Avilés, Sagunto, Cartagena. Y, si los dioses lo quisieran y los hados lo dispusieran, podría seguir haciendo reír y agitando conciencias por mucho tiempo, por muchos lugares. Porque elementos hay sobrados para que la llama que alumbró esta conjunción de aciertos no se apague.

@anamartincoello