LÍNEAS DE MÁS

Latinoamérica y el poder perpetuo

Cuando el objetivo principal de un gobernante es perpetuarse en el poder, existen recursos contrarios a los principios de la democracia, concebida esta como “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Solo un brindis al sol ante sus objetivos totalitarios. Y Latinoamérica tiene, actualmente, varios ejemplos de ello. Hace décadas que la máxima expresión es esa farsa electoral de Cuba, que al partido político único sumó el control a través de las tarjetas de racionamiento, obligando a votar para poder comer; algo hoy superado con creces en una Venezuela que le agregó, a través de un organismo estatal sin competencia para ello, la posibilidad de inhabilitar en lo electoral a todo opositor con opciones de derrotar al chavismo, tras imputarle planear un golpe de Estado o un magnicidio, desestabilizar con marchas de protesta o con desabastecimiento, lo que conlleva inclusive prisión como puede ocurrirle en breve a Henrique Capriles, y ya padece, entre otros, Leopoldo López.

En Argentina, en tanto, es obligatorio votar en elecciones primarias (PASO -abreviatura de Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) útiles al kirchnerismo para detectar qué distritos electorales le son desfavorables, pero especialmente poder cruzar datos de votos logrados en esas primarias con subsidios otorgados para recordarles a los beneficiarios que deben votar en las definitivas. Si no hay coincidencias alguien traiciona, y todos pagan las consecuencias. El colofón en busca del poder perpetuo es repudiar la letra de la Constitución vigente, o intentar cambiarla con el apoyo de Justicias y Parlamentos cómplices o sojuzgados. Chavismo y Castrismo lo lograron. Rafael Correa y Evo Morales lo intentan. Cristina Kirchner no pudo. Ninguno respeta el cimiento de una democracia legítima: voto secreto y alternancia en el poder. Únicas garantías de pueblos libres. Algo que a ellos no les interesa.
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