NOMBRE Y APELLIDO

Luis Martín

Cada vez que nos sentamos, con una perra de tiempo, copa mediante y ya sin tabaco, reanudamos la conversación que empezó Dios sabe cuándo y acabará cuando disponga. Está vinculada a un espacio urbano, en cuesta y bullicio y ahora en silencio nostálgico y en ausencias que me enumera con la precisión de quien siempre -duerma donde duerma- está y sueña en su rincón. Por este oficio de hacer y contar cosas aquí y allá, me perdí -otro lustro más- la visita lustral de la Señora del Monte al barrio de la niñez, la entrada a la ermita del mártir impúber, cuyo rigor flamenco transformó el escultor Carmona en rictus lambido. Luis Alberto Martín Rodríguez -así reza su Dni- reunió en el centro neurálgico de La Canela a los pintores que respondieron a su encargo y pintaron, a su modo y manera, las caretas de los Enanos de la Virgen que, por primera vez, perdida la uniformidad peligrosa que convierte la creación artística en seriada mediocridad, resultaron, si cabe, más naturales y creíbles. Tras la parada en el templo, en El Portugués -un café con estilo donde, con fados o boleros, se juntan la saudade lusitana y la morriña palmera- mi amigo entregó a cada uno un meticuloso dossier sobre el motivo, la iconografía y escenografía de la Cofradía de Pobres, sobre letras de un servidor musicadas por el gran Luis Cobiella; no se trata de un documento retórico, sino de un concienzudo y sincero análisis del número central de unas fiestas a las que alimenta y sostiene; una visión comprometida y crítica de un espectáculo que necesita urgente protección e inteligente cuidado para evitar que se convierta en un mero instrumento de recaudación. También fueron obsequiados con una medalla conmemorativa, acuñada por rumbo y decisión compartidas con Manuel Jesús Lorenzo, otro corredor de fondo en nuestra ensimismada cultura, y el único recuerdo metálico de la LXVIII Bajada de la Virgen de Las Nieves. Cuando para la mayoría de los ilusionados protagonistas y los conmovidos espectadores el baile coreado, la mágica transformación y la polca familiar y vertiginosa es una dulce esperanza a plazo largo y fijo, ya hay un creador inquieto y titulado en artes plásticas y diseño pero, sobre todo, un vecino de San Sebastián donde los risueños personajes tuvieron raíz, asiento, taller y escuela, maquina, diseña, escribe y no para sobre el único secreto general que pervive, pese a todos los pesares, con buena salud.