tribuna

A medio camino – Por Indra Kishinchand

Nos encontraremos a medio camino entre el tiempo y la distancia.
-¿Qué quieres decir?
-le pregunté extrañado-.

-Que cuando tú seas demasiado viejo y yo haya corrido lo suficiente, nos volveremos a ver -respondió-. Estoy segura.

Su certeza fue mi perdición. Tenía miedo de que la vida pasara y que al final mi único logro fuera enfrentarme con quien podría haber sido. Me daba pánico pensar que me encontraría solo rodeado de todos los amigos que nunca había tenido. Ellos estarían acompañados por su honestidad, y como quien se topa con el vecino al pasear las penas, me mirarían por el rabillo del ojo cuando me diera la vuelta y me observarían con principio de melancolía.

Nada me consolaba. Ni siquiera ella. Nosotros nunca habíamos sido en general; en tan solo unos días nos convertimos en la vocación del otro por desprecio propio y aburrimiento. Matábamos los relojes a base de aviones y volábamos para olvidar. Así fue como nos (des)conocimos. Curábamos las heridas con kilómetros y jamás regresábamos a lugares en los que nos hubiéramos roto de tantas palabras.

Destrocé esa promesa cuando entendí que necesitaba volver para reencontrarme con alguien que ya no existía y aún seguía queriendo. No supe entonces que, en algún momento, yo había sido todas las personas que había elegido no ser, que era, también, todas las decisiones que no había tomado, que me había convertido, sin remedio, en quien no fui con ella.