AVISOS POLÍTICOS

Mirarse al espejo

En estos días pasados, perdida en las páginas periodísticas de Economía que nadie lee, nos hemos encontrado con la noticia de que solo tres economías autonómicas crecen a un ritmo más rápido que la canaria, y que esas tres Autonomías son, nada menos, que Baleares, Cataluña y Valencia, que constituyen la región mediterránea desarrollada de la Península. Según esta noticia, el PIB de las Islas aumentó un 3,4% con respecto al mismo período del año anterior, entre los pasados meses de abril y junio, es decir, en el segundo trimestre del año. Son estimaciones del PIB trimestral de las Autonomías elaboradas por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, un organismo encargado de velar por la estabilidad presupuestaria. En definitiva, Canarias resulta ser la cuarta Comunidad Autónoma que más ha progresado económicamente en los últimos meses, y sus datos implican que su crecimiento económico superó la media nacional. Los indicadores que han sido tenidos en cuenta son: el número de afiliados a la Seguridad Social; el índice de producción industrial; las pernoctaciones en hoteles; el índice de actividad del sector servicios y el del comercio minorista; las importaciones de bienes; los visados de obra nueva; las hipotecas constituidas; el crédito y los depósitos bancarios, aunque no todos los indicadores ponderan igual.

Por supuesto que se trata de una ponderación parcial autonómica en términos de PIB, que no tiene en cuenta indicadores sociales y económicos tan fundamentales como el desempleo, que en el Archipiélago alcanza valores insoportables e insostenibles. Pero, a pesar de estas limitaciones, refleja una realidad económica optimista y muy esperanzadora, que nuestros gobernantes nacionalistas, instalados en la política de la crispación y el enfrentamiento por el enfrentamiento con Madrid, nunca reconocen. Es verdad que la enemiga de la vieja guardia y de los fundadores de ATI a esta política, protagonizada por el anterior presidente del Gobierno canario, propició su derrota dentro del partido y su sustitución por un presidente más conciliador. Porque en estos andurriales atlánticos menos de cien personas deciden quién va a ser presidente del Gobierno de Canarias, en la medida en que integran el órgano directivo de nuestro particular partido hegemónico. Y el sector dominante en ese partido es el que marca la orientación de nuestras políticas. Sin embargo, esta conciliación nunca podrá superar el núcleo irreductible de la ideología política nacionalista, que es la necesidad del enfrentamiento permanente con un pretendido enemigo exterior.

En efecto; el núcleo irreductible de la ideología política nacionalista es la imposibilidad de definirse como no sea por la vía de la negación y del miedo al otro. El nacionalismo es una ideología especular, una ideología de espejo, que para existir precisa un enemigo exterior en el que mirarse y al que combatir. Al mismo tiempo, el nacionalismo se asienta en una sinécdoque política que toma la parte por el todo. De modo que su razón de ser es afirmarse no en cuanto una ideología más entre otras, sino como la única ideología que representa a todo su pueblo y defiende sus auténticos intereses contra sus enemigos. Un partido nacionalista sin enemigo exterior al que combatir, un partido nacionalista que reconociera que el pretendido maltrato exterior simplemente no existe, que es un partido más entre otros y que los intereses que defiende son intereses partidistas igual que los de cualquier otro partido, estaría abocado a la desaparición. Es lo que algunos autores denominan la miseria del nacionalismo, el ser alienado en el otro y en negativo a través de la sustancialidad del enemigo exterior. Un enemigo que es necesario inventar si no existe, porque sin él no se es nada: el miedo a no ser nada define el espejo nacionalista.

Y el problema se agrava en términos democráticos cuando ese espejo y ese combate contra el pretendido enemigo exterior sirve de coartada para ocultar una corrupción política interna que, en ocasiones, alcanza dimensiones de auténtica rapiña. Sirva como ejemplo, entre otros muchos protagonizados por el anterior Gobierno canario, la presunta corrupción en la política de contrataciones de programas de la Radio Televisión Canaria, que los jueces están ahora mismo investigando. Por desgracia, la cultura ciudadana y política de los canarios, su orientación a valores cívicos y políticos, son similares a las del resto de los españoles, y adolecen de una enorme cantidad de elementos negativos que lastran nuestra adaptación a las exigencias de una sociedad moderna y democrática. Precisamente se trata de que carecemos de tradición y de referencias democráticas homologables con las sociedades de nuestro entorno.

En resumen, un espejo nacionalista que esgrime los mitos políticos de la nación y de la independencia nacional, mitos que pertenecen al acervo cultural del romanticismo político decimonónico; confunden la nación política con la nación cultural; suponen que es posible una determinación objetiva de las naciones, y dan por supuesto que un Estado puede ser realmente independiente en lo político y en lo económico. Demasiados mitos y demasiadas confusiones. Harían bien nuestros gobernantes nacionalistas y su gente en no mirarse tanto al espejo.