CANDELARIA

El obispo de Tenerife invita a los fieles a mirar a María para huir de “la borrachera de la diversión y el egoísmo”

El obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, ha invitado a los fieles durante su homilía con motivo de la celebración de la Patrona de Canarias a mirar a la Virgen María para que “nos llene de alegría y de esperanza y sea la estrella que nos conduzca a donde está Jesús”.

“Cuando la luz de nuestra fe vacile; cuando nos encontremos desesperanzados por los problemas familiares, económicos o de enfermedades; cuando nos demos cuenta de que la borrachera de la diversión y el egoísmo se han apoderado de nosotros, miremos a María porque ella nos dará esperanza”, señaló.

Durante la celebración de la eucaristía que se ha celebrado hoy sábado en la Basílica de Candelaria, Bernardo Álvarez dijo que los intentos que se han hecho en los últimos 200 años para crear un hombre nuevo y establecer en la tierra un paraíso ha llevado a “consecuencias catastróficas”.

“Aspiramos a un mundo nuevo, a una humanidad pacificada y en concordia; sin embargo, las ideologías, la ciencia y la técnica, la economía de mercado, la globalización y el bienestar material no lo han conseguido”. Por eso, el prelado pidió seguir el ejemplo de Jesucristo, pues es “el hombre nuevo por excelencia”.

El obispo de la Diócesis Nivariense añadió que frente a las palabras de Jesús ‘mi Reino no es de este mundo’, las aspiraciones de los hombres se han resumido en “alcanzar y vivir la vida en plenitud y buscar el paraíso en la tierra”.

“Pretendemos obtener del tiempo lo que sólo la eternidad nos puede dar; nos esforzamos por sacar eternidades de lo que sólo es pasajero y temporal, y, como es lógico, nos quedamos siempre cortos y corremos sin descanso en pos del tiempo perdido”, afirmó.

En su opinión, algo parecido ocurre con el planeta Tierra, que la humanidad ha convertido en “escenarios de destrucciones”. “Si queremos arrancar de este mundo todo lo que necesitamos como personas, el planeta se nos queda escaso porque no puede darnos lo que necesitamos para ser plenamente felices, así que acabamos exprimiéndolo y destruyéndolo”.

Por ello, instó a los fieles a seguir el mensaje que quiere transmitir María y dejar que las almas se abran a Dios para que “tome posesión de nuestras vidas y así nos sane y nos reconstruya por dentro, nos cure de nuestros egoísmos y de nuestros rencores y nos abra al amor y al servicio de los demás, pues sólo Dios puede hacer eso”.