sobre el volcán

Para que no caiga en el olvido

Hace poco más de un mes y parece que ya pasó un siglo de aquella mañana de viernes en la que todavía latía la polca de la Danza de los Enanos en la calle Real. Esa misma mañana alegre, soleada y despreocupada de julio, donde la gente en vez de andar parecía que iba dando saltitos imitando a aquellos seres cargados de misterio que habían estado bailando hasta el amanecer. Esa mañana que devoró en un instante el dolor, la rabia y el sinsentido por la brutalidad que cometió un hombre contra una mujer. Sobre una mujer que debió creer que podía dominar, poseer, controlar y de quien no debió soportar que en un momento dado de su vida ejerciera el derecho a decir no. Ese instante en la vida que nos dota de dignidad frente a cualquier clase de poder que trata de fagocitar la voluntad del otro mediante el ejercicio de la fuerza o la coacción. Plantarse, levantar la cabeza y querer ser libre tuvo para ella un coste brutal, como le ha sucedido a tantas personas que han reivindicado su libertad ante cualquier clase de atropello. El fuego de la ira, de la locura y del más siniestro de los deseos apagaron de un golpe violento su vida. Por eso pienso que Laura González fue una persona valiente. Por el contrario, es imposible no recorrer con la imaginación el camino hacia el horror que supone atentar contra la vida de otra persona. Ir a buscar un líquido inflamable, desplazarse hasta el sitio y buscar el momento adecuado para cometer un acto tan salvaje. Acto final de un drama que probablemente vendría representando desde hace tiempo y durante el cual, lamentablemente, no tuvo un rayo de lucidez, un momento de cordura para decir no a continuar ese camino hacia la barbarie. Para convencerse de que la vida del otro no pertenece a nadie y que el amor y la posesión se repelen como polos opuestos. Para vivir y dejar vivir, en definitiva. Por el contrario, la reacción que dominó fue la de un acto tan abominable como cobarde. Parece que ha pasado tiempo de este suceso, es verdad, quizá porque inconscientemente, como comunidad, asimilamos a toda prisa estas tragedias para seguir viviendo. Pero lo que no podemos olvidar es ese deber de plantarnos ante cualquier clase de dominación, como la machista, como hizo Laura, y hacerle frente cueste lo que cueste. Se lo debemos.