de refilón

El placer es mío

De refilón cumple hoy 100 columnas. A la alegría de esta celebración se une la desazón por las circunstancias personales que me impiden continuar como de costumbre. Escribir columnas de opinión es maravilloso. Cavilar y plasmarlo por escrito con la intención de hacer pensar a otros es, en realidad, una pretensión muy elevada. El reto toma forma de actualidad política, social o económica. La opinión que responde a ese reclamo depende exclusivamente de la pluma que la firme y, para que se haga una idea, yo con pluma solo he escrito dos boberías cuando de pequeña se las cogía “prestadas” a mis hermanas mayores. En definitiva, lo que usted lee aquí es la respuesta sucinta, insaciable y siempre mejorable de un reto muy exigente. A mí me fascina cuando alguien, normalmente en el ocaso de su vida profesional, se despide quedando bien con todo el mundo. Algunos afirman incluso no haber cosechado enemistades. Eso, en este caso, es una exageración pero se entiende la idea de fondo en contraposición al cuestionamiento de Ramón y Cajal: ¿No tienes enemigos? ¿Es que jamás dijiste la verdad o jamás amaste la justicia? Ciertamente cuando uno tiene una forma crítica de entender la política, va haciendo amigos, entiéndase la ironía. Según Dale Carnegie, la crítica es peligrosa porque lastima el orgullo de la persona, hiere su sentido de la importancia y despierta su resentimiento. Quizás, por las contadas canas que comienzan a aflorarme, sea pronto para que sepa lo que es el arte de la prudencia o la crítica con guante blanco. De veras que lo intenté pero aún me queda mucho por aprender. No obstante, puedo afirmar que llego a este puerto con la satisfacción de haberme mantenido firme en mis convicciones y de haber defendido en cada momento (de forma acertada o no) lo que he considerado que más se ajustaba a justicia y al bien común. Sin duda, si no fuera por lectores como usted, no hubiera sido posible. Lo dicho, un placer.

@cristination_