tribuna

Recordando a J. B. Falcón – Por Joaquín Castro

Entre nuestros grandes artistas fallecidos, quiero recordar a J.B. Falcón, así se firmaba siempre en sus obras de arte. Fue un gran hombre de los dibujos a plumilla. Una de sus últimas exposiciones la tituló precisamente Recuerdos de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife. Consistía en un recorrido histórico y sentimental por nuestras calles, torres, iglesias, monumentos…

José B. Falcón, que era un chicharrero a toda prueba, con su plumilla dibujó el viejo Santa Cruz que poseía una arquitectura de sabor propio. Así, por ejemplo, los conventos, hoy desaparecidos, donde se alzaban grandes balconadas de madera tallada realizadas por artífices y maestros carpinteros de épocas anteriores, de los que afortunadamente quedaron muestras gráficas para que este artista nos diera a conocer obras de arte que no llegaron a nuestros días.

De las calles centenarias, de muchas de ellas solamente quedan los nombres, incluso de alguna ni siquiera esto. Gran parte de la edificación de Santa Cruz ha sido demolida. Casas interesantes de mil filigranas en madera, donde se fraguó parte de la historia de nuestra ciudad. Incluso en algunas de ellas se llevaron a cabo treguas de paz y se firmaron documentos interesantes de carácter internacional… Me refiero, de forma principal, al convento de San Francisco, del que solamente queda la torre entre edificaciones posteriores y la iglesia, hoy parroquia de San Francisco, y al convento de Santo Domingo de Guzmán, donde se encuentra el Teatro Guimerá, levantado en el reinado de Isabel II. Solamente queda como vestigio la pequeña plaza de Santo Domingo con su pila, de la cual hoy día mana agua.

El autor, con la magia de su pluma y su arte, nos hizo conocer aquellos templos sagrados de nuestra historia con clarividencia perfecta. Su estilo, unido a sus sentimientos por la ciudad santacrucera, hacían que sus obras fueran veraces, nostálgicas, emocionales. Su técnica era enorme, llegando al dominio perfecto del dibujo, haciendo vivir y revivir aquellos aspectos del viejo Santa Cruz, a través de los siglos de una manera sugestiva, fehaciente, testimonial y auténtica.

La calle de la Marina, Cruz Verde, Norte, la de Las Lonjas, hoy Candelaria, la del Barranquillo, La Noria, la de San José, hoy Bethencourt Alfonso, son retazos que jalonan la vida de un pueblo que vivía alrededor de sus conventos, de su ermitas junto a su cosmopolita muelle con su farola iluminando a los cuatro vientos, lugar de confluencia de comerciantes y traficantes, de pícaros y buscadores de fortuna que querían marcharse de polizones en los grandes buques que desde este puerto partían al Nuevo Mundo.

Todo esto fue el significado y la inspiración de Falcón. Impresiones históricas y humanas para que de una manera extraordinaria pudiera llevarlos con su pluma y tinta al cartón.

Su obra hoy es de estudio, de carácter investigador, profunda, de base testimonial, sin límites, sentimental, sincera, de reconocimiento a una ciudad atlántica que reúne en su escudo heráldico los más altos honores de Victoriosa e Invicta, y que él, con su arte, técnica, estilo propio, formación académica, consiguió atraer y dar a conocer con exquisitez las etapas arquitectónicas de su querido Santa Cruz a través de los siglos.