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¿Se aclara el panorama?

1. Al margen de la causa penal, que seguirá su curso y que -para mí- se desinfla cada día más, lo de Las Teresitas en su conjunto se va aclarando. De momento, el edificio de Perrault no incumple sino en 60 metros cuadrados, luego ni hay por qué derribarlo, ni tienen por qué ingresar en prisión los concejales duramente condenados; por puro sentido común. Y para mí injustamente condenados. Tengo perfecto derecho, a la vista de las circunstancias, a considerar injustas sentencia y apelación. Porque parten de premisas erróneas por parte de la fiscal y de sus testigos. No tienen más que ver el mapa de Costas publicado por éste y por otros medios de comunicación este fin de semana. La diferencia entre lo legal y lo ilegal está en 60 metros cuadrados. Algo ridículo. Este proceso acabará en las facultades de derecho sobre lo que no se debe hacer en los tribunales y sobre lo engorroso de los asuntos urbanísticos tratados por la vía penal.

2. Pero hay más. Se tiene que celebrar, por la vía civil, la demanda de los propietarios contra el Ayuntamiento. En pura lógica, si la ciudad devuelve el frente de playa a los antiguos propietarios les deberá devolver también los derechos urbanísticos primigenios, antes de cambiar el plan. Porque, si no, estaríamos ante un caso de flagrante injusticia. De acuerdo con que los propietarios deban reintegrar al municipio el dinero recibido, pero a cambio tendrán que devolverles los terrenos y sus derechos antiguos, que para ellos sería una mina de oro en estos momentos.

3. Se va aclarando, pues, la cosa, aunque hablar de panorama despejado en el proceso de Las Teresitas es como tratar de la cuadratura del círculo. Se trata de un asunto tan engorroso, tanto lo del edificio de Perrault como lo de la playa, que asustaría al jurista más avezado y neutral. Hay gente especialista en complicarlo todo, en denunciarlo todo y en impedir a toda costa el desarrollo de la ciudad. Y como las leyes contribuyen al estado de confusión y su interpretación más todavía, pues apaga y vámonos. Lo de Las Teresitas parece no tener fin, pero el verdaderamente perjudicado con todo ello es el ciudadano; y Santa Cruz, claro.
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