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Los sucesos

1. No me pregunten por qué, pero en verano hay más destripamientos y otras muertes que en otoño e invierno, a pesar de que la primavera era la que tenía la fama de alterar la sangre. Y hay directores de periódicos a los que les gustan mucho los sucesos. Tengo una anécdota muy buena de los redactores de sucesos de Arriba y Ya, en los tiempos de Maricastaña. El primero era un diario del Movimiento; el segundo, católico. Los cronistas se ponían de acuerdo para publicar las mismas noticias en los dos diarios y así evitaban la rivalidad y trabajaban menos. Pero, un día, Arriba sacó un muerto que el otro no tenía. El director del Ya llamó a su redactor de sucesos, lo sentó frente a él y le recriminó la ausencia de la noticia: un hombre había matado a otro en la orilla del Manzanares. El redactor, que vio en peligro su puesto de trabajo y también herido su orgullo de periodista, sin inmutarse, le dijo a su jefe: “Cosa de maricones, director”. El responsable del católico Ya dio un respingo, aceptó la disculpa y no sólo eso sino que felicitó al redactor. Un diario católico, en aquellos tiempos, no debía publicar el crimen pasional entre hombres que sobre la marcha se había inventado su subordinado.

2. Pues en Las Palmas, sobre todo, y se están contagiando los periódicos de papel de Tenerife, gustan mucho los raptos, los crímenes pasionales, las algaradas callejeras y las pérdidas y despeñamientos de ancianos. Y lo llevan todo a las primeras páginas y trasladan al personal un gran pesimismo. La lectura de estas noticias a mí se me hace infumable, pero todo sea por mantener viva la llama de la información, sobre todo en las capas de población más inculta y entre los jubiletas. A los jubilados les encantan esas noticias porque las comentan en el banco. En el banco de la plaza, claro.

3. Yo lo que no publico jamás son los suicidios, porque luego se produce un cierto mimetismo entre los propensos y caen media docena a los barrancos. Por norma, no publico suicidios desde hace muchos años y menos en verano, con tanta gente con la cabeza caliente. Y eso.
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