tribuna

Un verano tenebroso – Por Charo Zarzalejos

China a punto ha estado de despertar el pánico. Ya se sabe que la Bolsa detecta los terremotos antes de que se produzcan y no tardaron en reaccionar con síntomas de pánico. No seré yo quien niegue la importancia de lo que acontezca en el gigante asiático, pero no deja de causarme cierta sorpresa al leer algunas crónicas y escuchar a expertos que siempre adivinan el pasado, el temor desatado. Olía a hecatombe mundial. La situación parece, vaya usted a saber, que se ha tranquilizado. Y me alegro, porque así la Bolsa dejará de ser noticia y todos podremos poner los ojos, la cabeza y, ¡ojala!, los corazones en la parte más tenebrosa de este caluroso verano que ya comienza a languidecer. Tenebroso, cruel, insoportable, resulta el ver y escuchar los pasos cansados de cientos de miles de personas que vagan por parte de Europa huyendo de Siria y de otros lugares del mundo en donde el terrorismo, la crueldad máxima, se ha adueñado de vidas y haciendas. La bolsas se han recompuesto, pero estas personas ahí están y nos hemos olvidado que, por ejemplo, en Jordania hay un campo de refugiados con cientos de miles de ciudadanos. Y no es el único que tenemos a tiro de piedra. Sobre nosotros, los europeos, que salimos a la calle porque en urgencias nos hacen esperar demasiado, caerá, de una manera u otra, tanta indiferencia, tanta cobardía. Resulta insoportable y bochornoso, pero ya verán cómo en este gran asunto -el más grave que como europeos deberíamos gestionar con acierto- no sale un Draghi que dé “tranquilidad a los mercados”, es decir, a estos cientos de miles de personas que han logrado sobrevivir a la barcaza de turno o la bodega en la que aparecen 50. Tenebroso este verano nuestro que ha batido el récord de mujeres víctimas de la violencia de género. El Gobierno apuesta por nuevas medidas y el PSOE por más dinero. Y ambas partes tienen razón. Ambas cosas son necesarias pero lo que sí parece imprescindible es un plan urgente de educación en el que se ponga en valor, y valga la redundancia, los valores y principios según los cuales hombres y mujeres somos iguales, nos asisten los mismos derechos. Me cuesta imaginar cómo se puede vivir al lado de un hombre que sabes que a la menor te trata de inútil, en el mejor de los casos, o te pega día sí y día también hasta la paliza final. Todas esas mujeres sometidas a la dictadura del miedo merecen especial atención. Es necesario llevarles a la convicción de que no deben consentir ni una y para ello deben tener claro y seguro que no van a estar solas. Desde que el mundo es mundo ha existido la violencia, pero en el siglo XXI no debe banalizarse ni siquiera la más leve amenaza. Todas las medidas que se adopten, todo el dinero que se ponga encima de la mesa será poco porque allí donde nadie habita puede surgir lo peor de la condición humana y esto sí que es imposible de corregir. La pena de muerte, las largas condenas, no evitan el lado oscuro de la condición humana, pero las víctimas, por lo menos, nunca deben sentirse solas. Cuando se escriben estas líneas, amigos y adversarios han acompañado a Txiki Benegas al cementerio de Polloe. Soy incapaz de contar a cuántos funerales y enterramiento hemos ido juntos, pero sí soy capaz de recordar con inmenso cariño y admiración a un hombre bueno, socialista convencido y vasco amante de España. Como los milagros a veces existen, se libró de morir a manos de ETA en no menos de dos ocasiones. La ultima vez que coincidimos fue hace unos meses. Ya estaba enfermo pero vital y, como si estuviéramos atrapados por el duro pasado, recuerdo perfectamente su pregunta que era más bien una reflexión: “¿Cómo hemos podido vivir como hemos vivido?”. No lo sé, querido Txiki. Lo cierto es que lo hicimos.