SAN MIGUEL DE ABONA

¿A quién le tocaron los 45 millones?

30.000  euros por décimo es el último premio que ha repartido el bar Jacamar en un gordo de lotería nacional . / DA
30.000 euros por décimo es el último premio que ha repartido el bar Jacamar en un gordo de lotería nacional . / DA

Javier no ha podido olvidar aquella noche del jueves 19 de febrero. Justo cuando empezaba a conciliar el sueño le sobresaltó el timbre de su móvil para comunicarle una noticia que aún hoy le pone los pelos de punta: había dado el mayor premio que jamás ha caído en Canarias y el segundo en importancia en España: más de 45 millones de euros. “Eran como las 10 de la noche, pegué un salto de la cama, llamé a mi madre y a mis hermanos, Carli y Marcos, y nos vinimos para el bar, donde tenemos el puesto receptor”. En medio del ataque de nervios, lo primero que hicieron fue comprobar los boletos que jugaban, y lo segundo, ya algo más calmados, empezar a llamar a familiares y amigos para que revisaran las combinaciones de la Lotería Primitiva de ese día.

María Rosa Coello, propietaria del despacho receptor 68.525, confiesa que no pudo pegar ojo en toda la noche: “Cuando se conoció la noticia, el teléfono no paró de sonar. Entre llamada y llamada estuvimos avisando a muchos de los clientes que son fijos jugando a la Primitiva”. Su hijo recuerda que cuando salió el sol, el barrio se llenó de gente: “A la mañana siguiente esto fue una locura; por aquí vivieron periodistas, radios, televisiones… y directores de banco. Todos querían saber a quién le había tocado, pero no hubo forma de saberlo. Es que es muy difícil, lo único seguro es que el premio lo dimos o mi hermano o yo, porque somos los que trabajamos la máquina”.

El bar Jacamar está en Guargacho (San Miguel) al borde de la carretera TF-652 que une Las Chafiras con Las Galletas, un lugar de tránsito de camioneros, empleados de hostelería, inmigrantes, agricultores y trabajadores de la construcción, aunque estos últimos cada vez menos por la crisis del sector. Es un punto de encuentro en donde la gente habla de todo lo que se habla en un bar mientras se desayuna, se toma el barraquito de media mañana o degusta el menú casero de cada día.

Han pasado casi siete meses desde que a Javier le interrumpieron el sueño. Y poco o nada se conoce del afortunado o afortunada al que le cayó el diluvio de millones. Se sabe, eso sí, que invirtió seis euros en media docena de apuestas automáticas. Conforme han ido pasando las semanas la expectación ha ido decreciendo -la mediática, que solo parece atender a las urgencias, prácticamente ha desaparecido- pero en la barra del bar se sigue hablando -y elucubrando- sobre el paradero del poseedor del trozo de papel que hizo diana en los números: 20, 13, 24, 38, 11 y 35 (complementario: 46 y reintegro: 2).

Unos residentes sospechan de un repartidor de refrescos; otros de un joven magrebí. / DA
Unos residentes sospechan de un repartidor de refrescos; otros de un joven magrebí. / DA

Una ambulancia descapotable
Son las 10 de la mañana y llega Charly, un cliente habitual del local. Confiesa no tener ni idea de a quién le ha podido caer el premio: “No se sabe nada, pero se oyen muchas cosas… me alegro de que haya tocado aquí, esto le da nombre al pueblo”, nos dice mientras pide una tapa mitad tortilla, mitad pizza acompañada por tres huevos duros. Recuerda aquella noche en la que Javier (hijo de la propietaria) le telefoneó para darle la noticia: “Bajé las escaleras de mi casa temblando en busca del boleto. Me puse cardíaco hasta que comprobé que yo no era el elegido por la diosa fortuna”. A Charly no le quedó más remedio que tomárselo con calma y más de 200 días después demuestra que humor no le falta: “A mí me llega a tocar y lo primero que hago es comprarme una ambulancia, la hago descapotable, y me voy por ahí tocando la sirena para que todo el mundo se entere”, nos comenta entre las risas del resto de la clientela.

Manolo y Carlos apuran sendos cortados leche y leche. “Aquí, lo único seguro es que a nosotros no nos ha tocado, ¿no se nota?”, nos dicen mientras se señalan el mono de la empresa en la que trabajan con rastros de tierra. “Se llegó a comentar que le cayó a alguien de fuera, pero no debe ser buena gente porque lo menos que podía haber hecho es venir por aquí y dejarse caer con unas garimbitas o tener un detalle con los pibes” (señalando detrás de la barra). Su compañero apostilla: “Hay quien dice que le pudo tocar a un repartidor de refrescos de Coca-Cola o Seven Up, otros comentan que si fue un inmigrante magrebí que trabajaba en una finca, pero que sepamos, nadie ha resollado”.

Juan pide una pulguita de jamón y queso y una caña. Nos cuenta que es normal que no haya aparecido a quien todo el mundo ansía conocer: “Es lógico que esté en el anonimato, sobre todo por una cuestión de seguridad. Es que es mucho dinero. Son más de 8.000 millones de pesetas, que se dice pronto…”. Marcos, atento a la conversación mientras apura un café solo, le interrumpe y apostilla: “la gente no se va a comprar un Ferrari el mismo día, habrá que disimular un poco, digo yo, ¿no?”

“Aquí, la única verdad es que a quien le ha tocado lo llaman agraciado y nosotros somos unos desgraciados; pero si lo dices rápido suena a casi lo mismo”, irrumpe Julián en la tertulia haciendo gala de su sentido del humor.

La jornada en el bar continúa, el trasiego de clientes es constante. Es raro el que sale del local sin comprar una Primitiva, una Bonoloto, un Euromillón o un billete de lotería nacional. Unos lo hacen con las monedas que les sobran tras tomar su consumición, otros vienen expresamente a por su boleto. Javier, por momentos, se ve desbordado. Todo el mundo parece tener que ver con él. De hecho la clientela lo llama por su nombre. Es buen conversador y proyecta un carácter alegre. Las paredes del bar nos recuerdan que la fortuna ha hecho de este sitio su morada en los últimos meses. Allí lucen sus “trofeos” más recientes en forma de carteles enmarcados con la cuantía de los premios en color rojo. Tres meses después de que cayera la bomba, el 21 de mayo aterrizó en el bar el gordo de la Lotería Nacional, el 69.826, premiado con 30.000 euros por décimo. “Ahí sí tuvieron un detallito, ya ves tú; alguna cenita hubo”, nos dice con una media sonrisa Javier.

Antes de irnos, lo intentamos por última vez: “¿Seguro que no sabes nada, de verdad? ¿Ni una pista?” Nuestro interlocutor resopla y suelta: “Parece que puede haber una pistita. Se sospecha de alguien que no es del barrio pero sí de la zona”. “¿Extranjero?” Le preguntamos. “Creemos que no”, responde, “pero no se ha puesto en contacto con nosotros”, aclara.

“¿Y si resulta que el premio no se cobró?”

45.083.913 fue la cifra astronómica exacta que le correspondió al único acertante de la combinación ganadora más el reintegro (categoría especial). Sólo hay un precedente que lo supera. El 3 de agosto de 2013, el mayor premio de la historia de la lotería, 67´1 millones, fue a parar a un bombero jubilado residente en el Polígono de San Pablo, en Sevilla.

“¿Y si resulta que el premio no se cobró?”, nos llegó a comentar un vecino de Guargacho. El delegado de Loterías y Apuestas del Estado en Santa Cruz de Tenerife manifestó a este periódico que no puede confirmar si la multimillonaria cantidad de dinero se llegó a abonar. Luis de Montis indicó que no lo puede hacer “porque del pago se encarga el banco directamente. La delegación no tiene nada que ver. Actualmente, el afortunado deposita el boleto en una entidad bancaria y esta le abona un cheque que, dada la magnitud de la cuenta, no se le da sobre la marcha, puede tardar un par de días. Pero es importante saber que no es obligatorio abrir una cuenta”.

La Banca siempre gana, dice un comentario popular, pero habría que añadir que la Agencia Tributaria no se queda atrás. En caso de haberse cobrado los 45 millones, nueve estarían en sus arcas, correspondientes al 20% del importe total. “El resto va limpio para el cliente, que ya no tributa por esa cantidad, pero sí por los rendimientos con los tipos normales de la tributación de Hacienda”, apuntó el responsable provincial de apuestas. Tanto en este premio como en cualquier otro, los primeros 2.499 euros están exentos de ese 20%.

De Montis también admitió conocer algunos rumores de los que circulan sobre el poseedor del boleto: “El del chico magrebí sí me llegó, confiesa, pero no se sabe nada. Antes, en los años 80 y 90, a la gente le encantaba hacerse una foto; ahora prefieren estar en el anonimato”. Sobre la buena cosecha de millones en la comarca sur, especialmente en los últimos años, el delegado lo achaca al buen tiempo: “Con el sol y las temperaturas agradables la gente sale, disfruta de la naturaleza y compra su numerito…”