nombre y apellido

Ángel Atienza

Javier Díaz, un palmero que tocó todos los palos de la comunicación y la farándula en la alegre Caracas, me puso en la pista de un personaje que triunfaba como artista plástico en la emergente Venezuela del petróleo que, en las últimas décadas del siglo XX, disputó el liderazgo político a las democracias más sólidas del continente. Contratado para la decoración de instituciones públicas de Guarenas, en la ribera del río del mismo nombre y acaso la más bella ciudad del estado Miranda, detrás de Angel Atienza Landaeta (1931-2015), está la biografía de un notable deportista que, entre 1954 y 1959, perteneció al club más importante del mundo, ganador de la primera Copa de Europa, y cuya alineación, gracias a los cromos en blanco y negro, repetíamos los chavales de medio mundo como la lección mejor aprendida: Alonso, Atienza, Marquitos, Lesmes; Muñoz, Zárraga; Joseito, Marsal, Di Stéfano, Rial y Gento. Eficaz y valiente lateral del Zaragoza -donde coincidió con el internacional palmero Rosendo Hernández- lo fichó el astuto Santiago Bernabeu y, durante un lustro, compartió vestuario y victorias con una plantilla de lujo a la que se agregaron paulatinamente Santamaría, Kopa, Domínguez, Puskas y Canario, y los españoles Mateos, Santisteban, Ruiz, Del Sol y Pachín. Atienza II -porque su hermano mayor, Adolfo, también vistió la camiseta blanca- vivió la edad de oro del mejor club del Siglo XX, según la Fifa, y se llevó en su mochila cuatro títulos continentales consecutivos, dos ediciones de la Copa Latina y tres Campeonatos de Liga. Pero, para sorpresa de directivos, compañeros, periodistas y aficionados, con sólo veintiocho años dijo adiós al fútbol y dedicó todo su tiempo a la pintura -que había compatibilizado con los entrenamientos y viajes- y las labores en la cerámica, la cristalería y la forja.

Fue el autor de los vitrales del Pabellón de España en la Feria Internacional de Nueva York; con el patrocinio municipal realizó una docena de murales para las estaciones del Metro inauguradas a partir de 1970, y fue el principal artífice de la decoración de la Basílica de María Auxiliadora, en la Ronda de Atocha. Estos trabajos avalaron los primeros encargos en Suramérica y su prolongada residencia de un cuarto de siglo en Guarenas, donde alcanzó una notable popularidad y dejó huella de su talento y versatilidad plástica en iglesias e instituciones de gobiernos, parques públicos y hoteles. En su último partido en el estadio Santiago Bernabeu, su Real Madrid le dedicó un emotivo minuto de silencio.