El dardo

Atascos

La autopista del norte de Tenerife se ha convertido en un colosal problema de tráfico. Con toda seguridad, el más importante -y también impactante- de Canarias. Se trata de la carretera más ruidosa del Archipiélago; la de mayor volumen de tráfico, al menos en el tramo entre Santa Cruz y Puerto de la Cruz; la que ofrece más altos niveles de contaminación medioambiental, y la que soporta mayores atascos diarios. Así lo acreditan las correspondientes estadísticas, de ahí la necesidad de buscar soluciones con la mayor urgencia y determinación. De momento, se intentan remedios, más bien parches provisionales, para -a falta de nuevos carriles- procurar la mejora relativa de enlaces, intersecciones o cruces, remediando así lo que originariamente fueron meras chapuzas con empalmes insuficientes y ausencia de pasos a nivel capaces de descongestionar aglomeraciones y facilitar la movilidad. Las soluciones no son ahora fáciles ni posibles en el corto plazo, ya que implican acciones simultáneas armonizadas en distintos sectores. A la espera de futuros resultados, el presidente del Cabildo trata entretanto de continuar con las gestiones necesarias para seguir completando el cierre del anillo insular. Se trata de otra obra prioritaria cuya terminación se demora en demasía, lo que, entre otras cosas perfectamente constatables, está causando gravísimos perjuicios económicos por la pérdida de tiempo que supone la ralentización del tráfico y su discurrir por vías de segundo orden o en mal estado, así como dificultades insuperables de movilidad, focalización del paro en zonas del norte insular -cuyos habitantes encuentran dificultades objetivas para desplazarse al sur de Tenerife, donde radican los mayores nichos de empleo-, por no hablar del estado anímico de los conductores ante la insuficiencia de la red viaria actual y la continuidad del problema durante años y años. En estas condiciones, me parece de perlas que el presidente del Cabildo tinerfeño trate de resolver cuanto antes este drama social. Es un asunto de su responsabilidad, al margen de las atribuciones del Gobierno autonómico, y si obtiene financiación estatal o ayudas de diversa índole para acelerar algunas de las obras pendientes, todos deberíamos alegrarnos, incluido el Ejecutivo que preside Fernando Clavijo.