superconfidencial

Ciclistas

1. No es baladí que Canarias sea la región de España con más causas de separaciones y divorcios. La mayoría de los que se quedan libres de sus santas, por propia voluntad o por la voluntad de ellas, se meten a ciclistas. Y la isla se ha llenado de ellos, que circulan en doble o triple fila, ponen en peligro sus propias vidas y causan notables colas de tráfico. La ley ampara eso de circular de tres en fondo, pero yo me pregunto la razón de la repentina afición de tanto jubileta y de tanto divorciado pedaleando por ahí, haciendo el ridículo y machacándose los testículos en incómodos sillones que no harán otra cosa que crearles serios problemas de próstata. Además, ese esfuerzo por parecer jóvenes no les tiene que venir nada bien y se les ve con los rostros deformados y los mofletes temblorosos trepando por carreteras empinadas. ¿A quién quieren sorprender, a la interfecta, al cuñado, a los amigos para que le vayan con el cuento a la exparienta de que Fulanito está hecho un pollo? Miren ustedes, una vez que requerí a un notario para que diera fe de una novia que me mamó unos muebles, en un descuido, el fedatario me dijo: “Yo que tú no levantaría acta ninguna; enemigo que huye, puente de plata”.

2. Santo remedio. Ni acta, ni puñetas. Di por bueno lo de los muebles y di gracias al Cielo. Pues ahora todos los divorciados se han metido a ciclistas y se les ve con cara de velocidad circulando por caminos angostos y por carreteras de gran tráfico, haciendo la puñeta. Son una plaga, les tocas la pita y no se apartan sino que siguen hablando como si tal cosa, creyéndose unos personajes importantes. Se enfundan en unos atuendos ridículos, como los velocistas de los años 20, y sus enormes culos se desparraman por fuera de los sillines, dándoles un aspecto grotesco. A mí me da vergüenza ajena. Si los jodes mucho con la bocina, en el momento en que los adelantas se oye en la lejanía un “…tu puta madre…”, mitigado por el viento. Además, maleducados.

3. Son unos pesados; los fines de semana la plaga se multiplica y te los encuentras en las rutas más insospechadas. Inasequibles al desaliento, decididamente me parecen un peligro para ellos mismos y para la circulación rodada, que le dicen. Ay.
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