en la carrera

Cristo refugiado

En plenas Fiestas del Cristo, y me planteo yo, atrevimiento el mío, sí nos habremos percatado de que Jesús ha sido un gran repudiado durante la historia de la humanidad. Imagino que cuando acudamos a la procesión, y veamos pasar al Cristo, o paseemos delante o junto a Él, igual en un momento de esos de reflexión interior, nos acordaremos de que este mismo fin de semana, incluido el lunes, festivo en La Laguna, puede que, quiera Dios que no, otras 15.000, 20.000 ó 30.000, no hay cifra exacta para contabilizarlas, estarán huyendo de la barbarie y el pataleo al que se les está llevando en sus países de origen.

Cristo, sí, fue un perseguido y un repudiado. En aquel entonces, a los que intentaban ser distintos a los demás, entiéndase incluso apostar por proteger a los indefensos, pues a esos se les excluía. El Maestro, como lo llamaban, acertadamente sus apóstoles y seguidores más cercanos, lo veían como a alquien que había que seguir, sobre todo, por su amor y defensa hacia los otros, hacia el prójimo.

La historia se repite. El Papa Francisco está convirtiéndose en un ejemplo de hacer por los demás y de luz a seguir, dentro de una Iglesia que estaba cayendo en la penumbra. Dentro del Pueblo de Cristo, en parte, estábamos últimamente acomodados y dormidos, haciendo sí, pero no todo lo que deberíamos.

El Obispo de Roma nos invitó hace una semana a acoger en nuestras parroquias a una familia de las tantas que huyen por toda Europa. El Cristo pasea estos días por las calles de La Laguna, seguramente si tuviese voz nos preguntaría si ya hemos cumplido. Tristemente todavía no. Cristo dános luz en Francisco. Solidaridaridad, palabra complicada.