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Crónicas de la Rambla

1. La Rambla de Santa Cruz es un pulmón, no sé si enfermo o no, porque piso muchos chochos que se caen de los laureles. A este fruto infame, en mi más tierna infancia se le llamaba chocho, al menos en el Puerto de la Cruz, donde la gente es muy aficionada a las gracias. Por cierto, ya que estoy en el Puerto de la Cruz, el paseo de San Telmo, cuyo muro horroroso y meado unos cuantos mentecatos querían dejar vivo, se ha convertido en el más transitado de España de entre las zonas costeras del país. Un exitazo del Cabildo, y más concretamente de Carlos Alonso, que se empeñó en reformarlo, y del inolvidable Marcos Brito, que se pasó por el forro a los que querían dinamitar el progreso y dejar aquel muro donde yo siempre, en mis noches de pedo, me detenía a desaguar, sin conseguir derribarlo con el chorro. Sentarse en el Rancho Grande y tomarse un chocolate y una tarta de la casa es hoy una delicia; llevo varios días haciéndolo, con el único problema del subidón de glucosa. Ay

2. La Rambla de Santa Cruz, como digo, es una gozada, aunque la Gerencia de Urbanismo debería tener más cuidado con los peatones: hay una obra en la esquina con 25 de Julio que desprecia al ciudadano, interrumpe su paso por la acera, le obliga a cruzar y a volver a cruzar la vía de tráfico rápido y peligroso. Casi no me atropella el otro día una guapa señorita que jamás imaginó que yo tenía que desviarme y cruzar por culpa de la bendita obra, que es un auténtico peligro. Di un salto y lo único que quedó bien fue mi dudosa agilidad. Pero ante la muerte, uno salta. Vaya que si salta.

3. La Rambla, por la tarde, es magnífica. Cuando crees que descansas bajo un laurel, te caga una paloma. Ves a los jubiletas paseando sus perritos y compras el periódico y lo lees y hasta te puedes leer a ti mismo, lo cual resulta una estupidez. Ves las decadentes mansiones que se venden, algunas veces por líos de herencias y otras por la ruina de los herederos y otras por ninguna de esas dos razones. Y contemplas el bello edificio de los arquitectos, que quieren vender porque los arquitectos deben más que Alemania después de la gran guerra. Y eso.
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