CUANDO FUIMOS LOS MEJORES

Cuando el balonmano era el deporte rey en la isla

El Tres de Mayo lograba ascender a la División de Honor, en la que permanecería nueve temporadas| DA El partido se resolvería tras dos prórrogas, gracias a un gol de oro| DA Víctor fue el héroe de la noche al anotar el tanto decisivo| DA
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El Tres de Mayo lograba ascender a la División de Honor, en la que permanecería nueve temporadas| DA

Hubo un tiempo en el que el pabellón Municipal de Santa Cruz se llenaba cada vez que allí se jugaba a balonmano y en el que la gente hacía cola para entrar al recinto esperando no tener que quedarse fuera cada vez que la isla era visitada por el Atlético de Madrid, el Balonmano Granollers o el Calpisa. La culpa de que en la noche de los viernes de la década de los 80 Santa Cruz respirara la resina adherida a aquellos duros balones la tenía el Tres de Mayo, una entidad que logró estar nueve temporadas consecutivas en la élite gracias a los Hellgren, Jilsen, Gunnarsson o Ronnberg, grabados en la memoria del deporte tinerfeño.

El Tres de Mayo había nacido en 1968, disfrutando siempre de una trayectoria ascendente en su historia hasta que en la campaña 81/82 el equipo logró el ascenso a la División de Honor, que posteriormente se conocería como Liga Asobal, manteniéndose en la misma hasta el curso 88/89 con un nombre propio, el de Alfredo Castillo, entrenador que conseguiría, año tras año, mantener al club entre los mejores con clasificación para la Copa del Rey y la Copa IHF, actual EHF, incluida.

Pero si existe un día mágico en la historia del club fue el 15 de junio de 1981. Aquella jornada, tras un partido inolvidable frente al Canteras grancanario, el Tres de Mayo ascendía a División de Honor. Fue una eliminatoria durísima, que se resolvió tras la disputa de dos prórrogas gracias a un tanto de Víctor, en la muerte súbita. Paradójicamente, una vez acabadas las dos prórrogas, los colegiados deliberaron acerca de la forma de resolver aquella promoción en la que el sorteo para saber quién tenía la primera posesión para el gol de oro resultó decisivo. Otro de los jugadores destacados sería Reñasco, coreado por el público tinerfeño, que cuando peor parecían estar las cosas para los suyos tiró de casta para mantenerlos vivos.

Luego llegaría la élite, jugar con los mejores y conseguir mantener la categoría en lo deportivo con solvencia. Los mágicos 80 dieron paso a unos tristes 90, en los que las dificultades económicas empezaron a castigar al club, al que finalmente las instituciones públicas acabarían por dar la espalda a Paco Sicilia, alma de la entidad que tanto luchó por ella.

El balonmano de la isla nunca volvería a ser el mismo, como tampoco lo serían aquellas noches chicharreras de los viernes en los que el plan principal era ver al Tenerife Tres de Mayo competir con los gigantes nacionales. Y, en muchas ocasiones, hacerles hincar la rodilla.