superconfidencial

El culichichi

1. El culichichi es un personaje que se ha formado en la calle, llevando y trayendo. Yo, que me he pasado mucho más de media vida en un periódico, siempre los recibí con desconfianza. Pero antes, cuando las redacciones de los periódicos estaban abiertas a la gente -no hacían falta guardias de seguridad, como ahora, porque los periódicos no decían nada y, por lo tanto, tampoco ofendían a nadie-, pues los culichichis entraban por ellas como Pedro por su casa; a informar. El culichichi es, en sí mismo, un periodista frustrado. Muchos periodistas y asimilados tienen algo de culichichis y de delatores: las noticias, y sobre todo los rumores, van y vienen y son proclives a la manipulación. Ha habido aquí culichichis sublimes, pero su sola cita me iba a traer complicaciones y ya tengo bastantes, no crean ustedes. Algunos amigos se descojonan cada vez que hablo de este personaje que se mueve como pez en el agua en los círculos sociales y que traslada de lado a lado la actualidad como nadie, con su particular matiz de mariconcillo saltarín.

2. Hay muchos culichichis que se dedican al asunto del protocolo y de las relaciones públicas. Son estas dos profesiones muy alimentadas por el culichicheo y el enanismo saltarín, no me pregunten por qué, porque no lo sé. Pero es un hecho. Junto a personas de gran categoría que ejercen estos nobles cometidos, existen entre ellos rotundos culichichis, que aprovechan su posición privilegiada, al lado de personalidades de diversa consideración, para llevar y traer. En fin, el culichichi es un individuo muchas veces indefinible, tú los ves por la calle, como dice un amigo mío. Y ya está. Mariconillos, como decía el inolvidable Domingo de Laguna, al que hay que citar siempre que se habla de culichichis, ustedes sabrán si para bien o para mal.

3. El culichichi sabe nadar como nadie en aguas turbulentas y sale indemne de todos los saraos. Arma líos entre terceros pero él se escapa siempre por la puerta falsa. Yo, de vez en cuando, escribo sobre ellos, porque están pegados como una lapa a esta malhadada profesión, que cada vez sirve menos para algo. Porque el periodismo es, en sí mismo, una profesión de culichichis. Siempre digo que con sus honrosas excepciones.