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Dependiente por un día

1. Ocurrió que mi hija Eugenia se fue de vacaciones a Estados Unidos y me trajo una serie de polos de Ralph Lauren, uno de ellos verde que te quiero verde. Y con él me fui a Leroy Merlin a comprar unos bombillos. Y resulta que el color verde, en Leroy Merlin, es el del uniforme de los empleados. La que lie no fue normal. Más de diez personas se dirigieron a mí para preguntarme por los precios de las lámparas, por dónde podían encontrar clavos, por la calidad de las alfombras, por si era día del descuento del 15% y hasta por productos de jardinería, cuando inadvertidamente, y huyendo de la multitud, me refugié en esa sección. Dios mío, qué agobio. Me miré en uno de los espejos a la venta, en la sección de baños, y me pregunté a mí mismo si tenía cara de dependiente o si no me veían demasiado viejo para el despacho de mercancías al por menor. Pero debe ser que he rejuvenecido porque me encontré a mi amiga Marta, ese mismo día por la mañana, cuando paseaba por el Puerto -de la Cruz- y me dijo que me veía estupendamente y muy joven. Aquello fue una inyección de moral.

2. Hasta que no me senté en el coche no pude respirar a gusto. No hay muchos empleados libres y mi polo verde era muy apetitoso para los que, como yo, andan perdidos en las grandes superficies. Le dije a mi santa que no me dejara poner la camisa verde cuando tengo que ir a comprar bombillos, que siempre se funden en otoño por la diferencia de temperatura con el verano, o eso creo. Incluso debí de contestarle muy airado a una señora, que iba con una chica joven, porque ésta, ante mi respuesta irónica y malhumorada, dijo: “¡Jesús, qué empleado tan antipático!”.

3. Fui dependiente por un día y espero que Leroy me lo compense cuando vaya a comprar una linterna. A mí las ferreterías me encantan y ahora caigo que debo tener cara de ferretero porque Raúl, el director de Muchachos, un largometraje de éxito, me ofreció ese papel, aunque yo quería el de cura, que iba mejor con mi carácter. Al final no lo hice, pero parece que la impronta -y la camisa- quedaron. Leroy fue mi destino provisional.