Domingo Cristiano

Divorcio a lo católico

Vamos por partes. El papa Francisco cree en el matrimonio para toda la vida. Lo que ha hecho esta semana es aligerar de peso los trámites para declarar nulo un matrimonio, engrasar la maquinaria con la que se diagnostica que cuando se celebró aquella boda en concreto no se oficiaba más que un gran engaño. A veces, sin pretenderlo los novios; pero un engaño.

En la Iglesia no hay divorcio. Ni lo habrá. Hay nulidades. Y las hay porque es un derecho de los fieles que lo que no se hizo con todas las garantías desde el principio deje de ser considerado válido. No se está diciendo que una pareja pueda separarse porque se les acabó el amor de tanto usarlo, por ejemplo.

Sin embargo, la nulidad matrimonial no tiene buena fama: que si sólo es para ricos y famosos, que si es un negocio para los curas, que si es de chiste declarar nulo un matrimonio que hasta tiene ya la parejita… Todo eso es radicalmente falso, fruto de un cúmulo de desconocimientos, malentendidos y mala baba, que tampoco falta.

Conviene saber que la Diócesis de Tenerife tiene una Vicaría de Justicia, la encargada de estos asuntos, en la que se miran otras diócesis de España. Hace muchos años que las nulidades son gratis en nuestras islas para quienes no pueden pagar un abogado. Lo paga la Iglesia. Y el tiempo de resolución de las causas está muy por debajo de la media.

Entonces, ¿no hay novedad en lo que anunció el papa? Al contrario. Las avanzadillas de unos y otros, los deseos que guardan en su corazón muchos obispos, el clamor de millones de laicos aprisionados en una aventura que nació muerta… Todo esto ha sonado fuerte en la conciencia de Francisco. Y el papa ha resuelto que la verdad no puede demorarse, ni cobrarse, ni imponerse. No puede ser que los retrasos “opriman en las sombras de la duda” el corazón de los fieles, ha dicho.

Porque el papa cree en el matrimonio cristiano pone en marcha a la Iglesia para que no permita que nadie quede atrapado en un casamiento que nunca que lo fue: porque hubo un miedo invencible a decir que no, porque no se pretendía celebrar lo que la Iglesia cree, porque se engañó a la pareja sobre datos esenciales sobre la personalidad, porque la madurez no era la suficiente… Éstas y otras razones, todas vitales y comprobables, convierten en mentira a una de las más hermosas verdades.

Por misericordia. Para evitar el sufrimiento innecesario, para recuperar el aprecio al matrimonio, para defender al más débil, para salir al encuentro de quien ha renunciado a sonreír y a esperar. Por todo eso la Iglesia se compromete a reaccionar con misericordia.

No hay divorcio a lo católico. Lo que hay en la Iglesia es una marea transparente. Una corriente de verdad y autenticidad capitaneada por un papa que no teme a los cambios con tal de ser fiel al encargo que le hizo Dios: “Consuela a mi pueblo”. Veremos cómo lo interpreta la caverna.

@karmelojph