tribuna

Ejemplaridad – Por Carlos Cruz

Dice Pablo Iglesias, candidato de Podemos (por ahora) a ser presidente del Gobierno de España, de una manera reiterada que está con la Catalunya “que se levanta a las seis de la mañana”. No se tiene constancia de que el propio Pablo Iglesias se levante a las seis de la mañana en los alrededores de Barcelona para coger un Cercanías en dirección a su puesto de trabajo, aunque lo mismo alguna foto en Instagram o un comentario en Twitter me desmienta en los próximos días que ya se sabe que en elecciones los candidatos hacen piruetas si hace falta. La pregunta sería la siguiente: ¿Se puede hablar como portavoz de toda esa gente, pidiendo el voto a toda esa gente, cuando no se tiene la experiencia diaria de ser como esa gente? En los últimos días un consejero de Podemos en el Cabildo de Tenerife Julio Concepción ha denunciado que tanto los propios consejeros del Cabildo como los altos cargos de esa administración, entre otros, cuentan con un seguro médico privado que pagamos con dinero público. La partida asciende a poco más de 400.000 euros anuales para pagar este seguro privado que representa menos del 0,01 del presupuesto insular. Nada más enterarse el propio Concepción remitió a título personal una carta al secretario del Cabildo para darse de baja de dicho seguro.

Formulamos la pregunta: ¿El resto de consejeros tanto de CC, PSOE, PP y Ciudadanos podrán mejorar la sanidad pública tinerfeña si ellos y sus familias disfrutan de un seguro privado que además no pagan? He buscado alguna respuesta enviando un mensaje a la página oficial en Facebook del vicepresidente del Cabildo, el socialista Aurelio Abreu. El silencio ha sido ensordecedor hasta ahora. Podemos a nivel nacional no se cansa de repetir que hay que priorizar el rescate ciudadano que presupuestariamente hablando se nutre de las partidas dedicadas al gasto social para proveer este rescate a las familias más necesitadas. En el mismo discurso añaden que los miembros de Podemos solo cobran 1.900 euros que vienen a ser tres veces el salario mínimo profesional (una cantidad que se amplia si se tienen hijos o personas a cargo). El sobrante de sus asignaciones (que pueden ser unos cientos de miles de euros al año a nivel nacional) dicen que las envían al partido y a una fundación que se gestiona desde el mismo partido que bajo el nombre de Impulsa financia proyectos.

Otra vez pregunta: ¿Por qué el dinero sobrante de ese sueldo no lo suman a las partidas de gasto social en las instituciones en las que fueron elegidos si el rescate ciudadano es su prioridad? He enviado la pregunta a través de las redes sociales a varios responsables de la formación morada, pero también el silencio ha sido la respuesta hasta ahora.

Mucho ha tenido que ver la ejemplaridad o la falta de esta para intentar dar respuesta de una manera acertada a la grave situación por la que pasa la imagen de los partidos políticos si hacemos caso a lo que dicen las encuestas. Así pues no es difícil intuir que los españoles, los catalanes y por qué no, también los canarios, están deseando votar a un/a líder pero a uno/a que no sea precisamente un líder de un partido político.

Pero que no tiemblen los cimientos de los partidos políticos al uso. No tienen de qué preocuparse. No hay muchos ejemplos para sostener esta intuición. Quizá solo el de Ada Colau que no hace tanto hasta se disfrazaba de una especie de Superwoman (Supervivienda se hacía llamar) contra la falta de políticas públicas de vivienda por las calles de Barcelona. No he encontrado a muchos más, solo algunos candidatos que bailan en los mítines o a la hora de buscarse votos. ¡Sigan bailando!

Ahora Ada Colau es la alcaldesa de Barcelona. Algunos partidos harían bien en preguntarse por qué.