en la frontera

Los enemigos del pueblo – Por Jaime Rodríguez-Arana*

El populismo, hoy tan de moda en tantas partes del mundo, nace, crece y se desarrolla en ambientes de crisis, de contestación social, de descrédito de las instituciones, en contextos en los que la situación política, económica o social, demanda cambios y transformaciones profundas. Ordinariamente, bajo el dominio del pensamiento ideológico, los populismos recurren a la retórica oprimidos-opresores con el fin de ofrecer una praxis de salvación que ellos solo poseen. Ahí está desde la revolución francesa hasta la revolución soviética pasando, entre otras, por la revolución de los claves, la revolución sandinista o la revolución castrista. Revoluciones que todos sabemos que han traído consigo como la historia certifica.

En efecto, el populismo latinoamericano ofrece buenos ejemplos de esta metodología marxista. López Obrador, hoy líder del Movimiento de Regeneración Nacional, el presidente bolivariano Maduro, el indigenista Evo Morales o también el sandinista Daniel Ortega o el presidente ecuatoriano Rafael Correa, han inaugurado movimientos de signo populista que ofrecen recetas únicas de salvación a base de explotar la dinámica del pensamiento bipolar e ideológico.

Desde otra perspectiva, encontramos otros ejemplos de populismo basados en la ideología del conflicto. Es el caso de Hillary Clinton y Obama en las primarias demócratas de Texas y Ohio en 2008. En estos dos Estados de los EEUU, golpeados y castigados especialmente por la crisis financiera de ese momento, ambos líderes demócratas prometieron sin rubor alguno que eliminarían las rebajas fiscales a las rentas más altas para financiar los seguros médicos de los más pobres. Clinton, en este ambiente, se comprometió, estas fueron sus palabras, a sacar del bolsillo de los ricos los 55.000 millones de dólares que les han regalado los republicanos. Obama, tampoco se quedó a la zaga y cargó contra los ejecutivos de las grandes compañías afirmando que los ricos han actuado como bandidos.

Por otra parte, también se presentan como enemigos del pueblo los abanderados del intervencionismo, del gobierno ilimitado, de la irresponsabilidad fiscal o de la dirección centralizada de la economía ideas que, en sentido opuesto, promueve el Tea Party, un movimiento considerado por no pocos como populista. Igualmente, también encontramos populismo anti-establishment, anti-élites, que clama contra las instituciones políticas y financieras. Es el caso del 15-M, Ocupa Wall-Street, Movimiento 5 Estrellas y Podemos. El populismo asistencial, aquel que pretende que el Estado subvenga a toda cuanta necesidad social tengan las personas, también tiene en este mundo del populismo muchos aliados.

Populistas son, por ejemplo, las acusaciones de los demócratas contra los republicanos por emprender una guerra contra las mujeres al no facilitar el aborto. También son populistas, por la misma razón, las apelaciones de los republicanos de Bush a la cruzada contra el terrorismo.

En fin, los populismos, de uno u otro signo, se especializan en azuzar y agitar los sentimientos profundos de las personas para atraer el fervor popular hacia sus políticas de salvación. Sin embargo, lo que precisamos, más que populismos, que ya sabemos cómo suelen terminar, son políticas que promuevan los genuinos valores humanos, políticas que partan del pensamiento abierto, de la metodología del entendimiento, de la sensibilidad social. En dos palabras, políticas reales, racionales y centradas en la mejora de las condiciones de vida de las personas. Casi nada.

@jrodriguezarana