tribuna

Es Cristo quien habla

Todos conocemos los versos de la sencilla y a la vez profunda copla popular, referida al Santísimo Cristo de la Laguna: “Sus labios no se movieron y sin embargo me habló”. Sí, es cierto. Jesucristo nos habla. La figura inerte de la hermosa talla del Cristo de la Laguna nos remite a Jesucristo, el Hijo de Dios vivo, que se hizo hombre y, a pesar de que pasó por este mundo haciendo el bien, fue injustamente condenado a muerte y crucificado, como le contemplamos en esta imagen de nuestro Cristo lagunero.

En las fiestas que hacemos en su honor, no se trata sólo de expresar nuestra fe sino, también, de fortalecerla y acrecentarla. En las celebraciones cristianas lo más importante es acoger lo que Dios hace en nosotros, escuchando su palabra, recibiendo su perdón y los dones de su gracia santificante.

Cuando se lee en la iglesia la Sagrada Escritura, es Cristo quien habla. Pues bien, escuchemos hoy a Cristo diciendo: “Lo que hicieron con el más humilde de mis hermanos, lo hicieron conmigo… Lo que no hicieron con el más humilde de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo” (Mt. 25,40.45). Lo dijo hablando de lo que hicimos o dejamos de hacer con el hambriento, con el sediento, con el preso, con el desnudo y con el forastero. Declaró solemnemente “A mí me lo hicisteis” o “a mí no me lo hicistéis”. El Papa Francisco decía en su Twitter@PONTIFEX_ES, el 23 de julio de este año: “Quien ayuda a los enfermos y a los necesitados toca la carne de Cristo, vivo y presente entre nosotros”. A Cristo le honramos y hacemos verdadera fiesta en su honor cuando nos preocupamos y ocupamos en ayudar a todos los que sufren por cualquier causa. Lo que hacemos por ellos a Cristo se lo hacemos. Humildes hermanos de Cristo que son azotados con el hambre y la miseria, con las guerras y las múltiples formas de violencia; que son coronados con las espinas del destierro, de la emigración forzosa, de la falta de trabajo. “Humildes hermanos que, como Cristo, son literalmente crucificados”. “Es Cristo quien habla” y dice: “Lo que hicieron con el más humilde de mis hermanos, lo hicieron conmigo”.

Ojalá que la celebración de las fiestas del Cristo de la Laguna de este año despierten esta inquietud en todos los que lean este artículo y se plasme esta certeza en nuestro corazón. No sólo para alimentar nuestros buenos sentimientos, cosa siempre conveniente, sino para pasar a los hechos. Si no fuera así, los buenos sentimientos sólo servirían para tranquilizar nuestra conciencia. Como escribe San Juan: “Si uno tiene de qué vivir y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras” (1 Jn 3,17-18).

Sí. “Sus labios no se movieron y sin embargo me habló”. Es cierto, no lo dudemos, “Es Cristo quien habla” y dice: “Lo que hicieron con el más humilde de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. Como dice el Salmo 94, “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor y no endurezcáis vuestro corazón”.

*Obispo Nivariense