Soliloquio

España no está resuelta

Dicho lo qué, habrá que ponerse las pilas para ordenar lo que queda pendiente, antes de que suceda lo que los dioses no quieran. O sea, desandar los últimos cuarenta años. Somos una cadena de despropósitos, nuestra historia desde los reyes católicos hasta hoy no es emocionante salvo algún que otro episodio. No se debió expulsar a nadie; judíos, árabes, y demás gente afincada por estas tierras, tras los ocho siglos de la mal llamada reconquista, en la que se pelearon todos, unos con otros y todos contra todos. Con relación a este asunto de las conquistas, la última que nos proponen los próceres del cuento de la lechera aislacionista es quedarse poco a poco con los territorios de los alrededores por aquello de la lengua común, y su mentira sobre el Reino de Aragón. En su afán por hacer valer un pretendido carácter histórico de “nación” y de “estado” catalán, la web de la Generalitat de Artur miente en un cuento que lisia la realidad y llega a afirmar que adquirió la soberanía del Reino de Aragón en 1137. Una suerte de supuesta “anexión” que choca con la verdad histórica y con lo que reflejan los archivos regios de la Edad Media, en los que nunca aparece Cataluña como reino, sino únicamente como Condado de Barcelona. Menuda Diada nos han dado.

Disfruté leyendo la carta que González escribió a los catalanes, me recordó a la carta de Pablo a los corintios: “Si no tengo amor, no soy nada. El amor es calmo y paciente, es servicial; no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad”. ¿Artur y Oriol, entienden? Ya está bien de monsergas, déjenlo estar. En Felipe González, a los catalanes, casi al final: “Sé que en el enfrentamiento perdemos todos. En el entendimiento podemos seguir avanzando, resolviendo nuestros problemas”, que no son otros que los de la realidad de las cuatro Españas. Una teoría personal que consiste en partir la península española por la mitad; desde Ciudad Rodrigo a Valencia, Madrid queda al norte, y desde Santillana a Málaga dejando a Madrid por el naciente, me salen los números y las reivindicaciones de toda la vida. Como escribió el Joseph Conrad en Lord Jim: “Es pasmoso cómo pasamos por la vida con los ojos entreabiertos -miedosos-, los oídos sordos -sin escuchar- y los pensamientos dormidos o roncando”. Quizá sea esta torpeza la que nos permite vivir, y aún más complejo, convivir ¡Qué maravilloso poder leer!