la punta del viento

El fenómeno Pinolere

La feria regional de artesanía de Pinolere, en La Orotava, es desde hace tiempo, mucho más que una feria. Como le gusta decir a uno de sus alma mater, Rafael de León, es un “proyecto cultural”. Sin duda lo es. La feria de Pinolere y todo lo que la envuelve, como ese magnífico recinto ferial y los más de 20.000 visitantes que recibe en cada edición, ha logrado el estatus de auténtico patrimonio cultural del Archipiélago. No en vano ha sido merecedora del Premio Canarias de etnografía. Le feria tiene ya un bagaje de treinta años, el mismo tiempo, por cierto, que llevo dedicado a este oficio de la información. Tuve la oportunidad de ser testigo en primera línea del nacimiento de la criatura, así como de su evolución posterior, que ha sido un camino de continua innovación y superación, y de mucho trabajo de la Asociación Cultural Pinolere, con la inestimable ayuda del Ayuntamiento villero, así como del Cabildo y el Gobierno autonómico. Tres décadas después es normal que los promotores busquen fórmulas para “reinventar” la feria, para darle un giro que la salve del agotamiento y la rutina. Y de la crisis económica, que extermina cualquier iniciativa cultural que no esté bien respaldada por los organismos públicos. El gerente, Jesús García, otro de los puntales de este fenómeno, ha adelantado que una de las claves del futuro del proyecto puede ser el binomio artesanía-gastronomía. Buena idea. La gastronomía está de moda y es otro valioso sustrato de nuestra identidad cultural.
Pero da la sensación de que Pinolere tiene muchas más potencialidades que podrían explotarse si hubiera un apoyo oficial más fuerte y permanente. Este barrio de las medianías del valle de La Orotava es casi una reserva de la artesanía de Tenerife. Muchos de nuestros oficios tradicionales están en vías de extinción y pueden perderse para siempre si las autoridades no toman cartas en el asunto con urgencia. Los jóvenes no han tomado el relevo en la artesanía y nuestros maestros están desapareciendo por ley de vida sin nadie a quien transmitir su sabiduría popular. El Parque Etnográfico de Pinolere, con su museo, debería de ser una universidad de las tradiciones, donde los artesanos muestren sus habilidades y las enseñen a los escolares. Y podría ser a la vez un motor económico para todas las medianías del Valle, por el indudable interés turístico que encierra. Pinolere tiene atractivos suficientes para ser un lugar tan visitado como el Loro Parque, Pueblo Chico o el Lago de Martiánez. Es un museo vivo de la cultura canaria que está aún por desarrollar, por aprovechar, por proyectar. Falta marketing, falta promoción, falta patrocinios, falta apoyo. Pero sobra riqueza cultural. Pinolere es una mina de cultura popular, un filón de tradiciones a la espera de quien sepa sacarle más brillo. Está claro que es mucho más que una feria. Es un proyecto único en Canarias que puede ayudar a consolidar el futuro de la comarca mediante el rescate, la protección y la divulgación de su pasado, de sus señas de identidad, de sus tradiciones singulares.