Tribuna Villera

El Garoé, proyecto internacional de El Hierro

El Hierro es una isla muy especial del archipiélago de Canarias. Una de las más pequeñas -no más de 278 kilómetros cuadrados-, con una altitud de 1.500 metros sobre el nivel de mar (Pico de Malpaso) y una población de unos once mil habitantes, repartida en tres municipios: Valverde, La Frontera y El Pinar. Desde épocas remotas se conocía como la isla del Meridiano, por cuanto era la raya que marcaba el referente cero de las expediciones marinas.

Por su parte, el Garoé era y es un elemento de la naturaleza. Por un lado, como árbol sagrado de los bimbaches aborígenes, en el siglo XV, cuando los conquistadores europeos se acercaron hasta la isla para incorporarla a la corona de Castilla. Era un til de la familia de los laureles que crecía, a una altitud de unos 900 metros, en el borde de un barranco y atrapaba las gotas de agua que venían en forma de nubes nacidas del océano Atlántico y eran empujadas por los vientos alisios que soplaban del noreste.

El árbol Garoé fue inmortalizado a lo largo de los siglos XV al XVII, hasta que un vendaval lo derribó en 1610. De hablar de ello se encargaron los españoles Fray Bartolomé de las Casas y Alonso de Ercilla, Antonio de Viana y Abreu Galindo, así como el ingeniero italiano Leonardo Torriani.

Después de que en 1948, el año de la seca, se plantara otro ejemplar, la escritora cubana Dulce María Loynaz se hizo eco de la sapiencia del árbol sagrado del agua en su novela de viaje a Canarias que editó en 1958, al igual que el escritor canario Justo Jorge Padrón en su obra Hespérida, en 2005. Por otra parte, surge a finales del siglo XX otra idea de aprovechamiento del agua y el viento en la isla de El Hierro por parte de la primera institución insular, el Cabildo de El Hierro, con el apoyo de Endesa, del Instituto Tecnológico de Canarias (ITC) y de la Comisión Europea. Todo ello con nombres propios: Tomás Padrón, Ricardo Melchior, Manuel Cendagorta, Gonzalo Piernavieja y Loyola de Palacios.

Hoy el relevo lo han tomado otras personas y, en el caso del Cabildo herreño, reaparecen las figuras de Belén Allende y de Juan Pedro Sánchez, con quienes nos hemos reunido los miembros del grupo Men&San (Manuel Méndez e Isidoro Sánchez) para preparar la Expedición Garoé rumbo a Lima, Nazca y Cuzco (Perú).

Antes de la reunión visitamos en Valverde las instalaciones de la Central Hidroeólica de Gorona del Viento, todo un ejemplo de la tenacidad, constancia y fe de la sociedad herreña.

Tomás Padrón la definió como “el Garoé del siglo XX”, y junto con el árbol sagrado de los bimbaches, el Garoé del siglo XV, constituyen los mejores ejemplos y referentes para toda una proyección internacional de El Hierro.

Como bien saben las mujeres herreñas, el viento y el agua suman energía.