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Hasta el moño de los catalanes

1. Algún amigo catalán tengo, y a estos los excluyo, pero reconozco que estoy hasta los mismísimos huevos de los catalanes, de sus pesadeces, de su intransigencia y de sus payasadas. Extiendo esa sensación al F.C. Barcelona, que me parece un equipo de fútbol sala y que, si por fin se declaran independientes, que Dios lo quiera, va a jugar la Liga contra el Lérida y el Palafrugell, que no sé si se escribe así en catalán, ni me importa. Este país no puede vivir pendiente de un pueblo que se quiere arruinar mayoritariamente, a tenor de las encuestas. Con lo peseteros que son, van a perder hasta sus ahorros, que se mamará el nuevo estado para financiarse. Porque Mas y el resto de la banda lo que quieren es un nuevo estado para que las cuatro familias catalanas sigan robando, pero esta vez en la impunidad; es decir, con una justicia propia y cautiva, como en Venezuela. Será el paraíso para los que han saqueado a los empresarios catalanes con el 3%, pero esta vez sin jueces y fiscales independientes que los metan en el talego, donde deberían estar ya todos. Y no están.

2. Estoy hasta el moño de los catalanes -y excluyo a los catalanes sensatos-, harto de los extremistas que creen que pueden desgajarse de España a coste cero y, además, conservando el mercado. Ni de coña. Allá cada cual con su responsabilidad si quieren seguir a esos tipos mesiánicos, uno -Mas-, un iluminado y un iluso al servicio de la burguesía catalana más deshonesta; y el otro -Junqueras-, que parece sacado de un guión de El jovencito Frankenstein. Joder, vaya cuadro. Romeva cada vez está más cerca del físico del calvo de la lotería. La lotería le tocó con éste a Cataluña.

3. Acabo de leer un artículo magistral del letrado herreño Eligio Hernández sobre Cataluña; y acabo de leer un libro espléndido, Historia mínima de Cataluña, del profesor Jordi Canal, a quien comparo con Pierre Vilar en su forma de relatar la historia, aquel de Cataluña, éste de España. Todos los que ahora quieren desgajarse de la nación común deberían leer este libro. Los Mas y compañía pretenden que el Tribunal Constitucional entre en sus instituciones como Pavía en el Congreso. Y entonces montar el follón. Se les ve venir.
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