opinión

Una ilegalidad contada

El caso Varadero ha quedado visto para sentencia. Atrás quedan años de instrucción judicial y muchas noticias de quien suscribe sobre el plan parcial que preveía casi mil viviendas en la costa de El Rosario. Cuando en 2006 comencé a informar de este municipio en DIARIO DE AVISOS, empecé a oír en los plenos municipales, por boca de la oposición, que en Varadero se iba a cometer una ilegalidad: una urbanización contra dos leyes, la de la Moratoria Turística y el plan, superior, de la Isla, el PIOT. Como periodista, desgrané en 2007 todos los informes negativos que esta operación urbanística se topó en 2002 en la COTMAC, alguno del Cabildo -que fue el que protegió esa zona por sus valores medioambientales- e incluso saqué a la luz por primera vez informes de la arquitecta municipal que advertía de ambas irregularidades. Luego publiqué cómo el Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC), en vía contencioso administrativa, avalaba en dos sentencias el PIOT y sostenía como “plenamente justificada” la protección de Varadero porque así lo “merecen” sus “valores paisajísticos”. SIn embargo, el exalcalde y principal acusado, Macario Benítez, me aseguró, en julio de 2007 que construir en Varadero seguía adelante pese a esas sentencias y mintió a los lectores del periódico al asegurar que nunca mandó un fax a la COTMAC (que sí envió) en 2002 y que ha sido clave en este juicio. Ese mismo mes el TSJC dictaba una tercera sentencia, en la que anulaba, por ilegal, la aprobación de esta urbanización privada por el pleno municipal. Hoy, con el caso ya visto para sentencia, mi deber es contarlo: siempre observé que, con el PIOT, urbanizar Varadero era ilegal. Y así lo vieron también los denunciantes, IR-Verdes, y los tribunales en hasta 5 sentencias y un auto firme en vía contencioso-administrativa. No me cabe a mi juzgar si quienes defendieron como legal esta urbanización no vieron lo que yo, como periodista, vi tan claro como el agua. Y es lo que ahora toca decidir a la juez. Varadero, en cualquier caso, es un bello espacio natural de laderas y barrancos salvado de la destrucción. Merecidamente, como señala el Tribunal Superior de Justicia de Canarias.